1 año de las Islas Canarias en un genial timelapse

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A través de Vimeo tengo el placer de ver el video del español Luis García de Armas producido durante un año en las Canarias. “Muestra las 7 islas Canarias desde la perspectiva del tiempo, rápido y lento, a lo largo de todo un año. Grabado íntegramente en Alta Definición y cámaras fotográficas de 35mm, con técnicas de grabación a intervalos y overcranking” dice la info del video.

¿Habrá sido falta?

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La WCF suele tener escenas de violencia, pero esta jugada asombra. Para no arrinar el momento sólo diré que si se encuentran por la calle a Niklas Kronwall, jugador de Detroit, mejor se cruzan de vereda, sino puede pasarles lo mismo que a este tal Martin Havlat. Giunta es la Madre Teresa de Calcuta al lado de Kronwall.

Holanda cierra cárceles por falta de presos

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Escribir sobre este tema desde un país como Argentina puede resultar dolorosamente tercermundista, pero lo cierto es que Holanda ha anunciado que cerrará ocho prisiones por falta de presos. El país europeo tiene más capacidad de alojamiento de detenidos que detenidos reales. Si bien este hecho por un lado habla bien sobre una sociedad holandesa que aparentemente produce cada día menos delincuentes, lo cierto es que están preocupados; el cierre de las prisiones traerá aparejado la pérdida de 1.200 empleos. Pero como el Estado es serio, ya están avanazando en la solución, que es ni más ni menos que cobrarles a sus vecinos belgas para que éstos puedan derivar presos a Holanda, con lo que Bélgica conseguirá distender su excesivo número de reos y Holanda ganar fondos y evitar el cierre de dos prisiones. Don’t cry for my Argentina.

carcel

Internet, mi vieja y yo

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Mi mamá tiene 63 años. Nació en Almería, España. Cuando apenas tenía unos 5 años viajó en tercera en un largo y ya remoto viaje cruzando el océano Atlántico. Su familia escapaba del horror de la dictadura franquista, según sé, era eso o la muerte. Por cuestiones económicas y de tiempo, ella jamás pudo volver a la tierra en que nació, donde sus padres, abuelos y el más allá de su árbol genealógico nacieron y vivieron.

De profesión docente, ella está justo en la generación de personas a las que el fenómeno de la computación y de internet los sorprendió de grandes, ya con una vida hecha. Su mayor acercamiento con estas tecnologías fue un curso básico que en la escuela le dieron hace años sobre cómo usar una computadora. Sin embargo, o el curso no fue muy bueno o mi mamá no aprendió mucho, pues creo que con suerte, ella es capaz de prender la PC, dudo de si luego podrá apagarla.

No lo digo por ser duro o irónico, sino para que comprendan el grado de desconocimineto que tiene sobre esta herramienta, ni hablar si se trata de navegar en la red. Después de un par de menciones al pasar de ella diciendo “¡cómo me gustaría aprender a usar eso!”, un día de hace poco tiempo se me ocurrió cumplirle su sueño en forma virtual.

Sentada junto a mí, ingresamos juntos al Google Earth y nos dispusimos a intentar volver a su infancia, a su tierra. No sé bien por qué, al mismo tiempo que yo iba ejecutando los comandos del programa, fui siguiendo de reojo sus miradas, sus reacciones.

Desde la casi indiferencia inicial al ver abrirse el gran globo terráqueo del Earth con una bienvenida borrosa en su visualización, hasta la gradual alegría y sorpresa al ir reconociendo detalles y sitios de su ciudad.

Mediante el buscador, con el dato que su mente jamás olvidó pese a los miles de kilómetros y millones de minutos que pasaron, emprendimos juntos el viaje. Calle Encantada allá vamos, me dije. Rogaba poder encontrar algo contundente en el Earth para satiasfacer la curisidad, a esta altura, ya pueril de mi vieja. Digo pueril por la alegría que reflejaba su cara, idéntica a la que regala un niño al abrir un regalo.

Elegí comenzar haciendo una navegación casual de Almería, visitando lugares grabados y abriendo los enlaces para ver las fotos. Fue así como mi mamá fue recordando cosas, seguramente realizando un inextricable viaje en su cerebro.

Después de un rato del tour, escribí la dirección donde nació y el programa comenzó a mostrarnos lentamente los resultados. Lamentablemente no nos llevó directo a esa misteriosa casa, que ella, y yo también, tanto deseaba ver. Sin embargo, nos posicionó en la calle, por lo que fue cuestión, nada sencilla, de ubicarse en la altura y empezar a desandar el camino.

Las casas bajas y calles angostas nos recibieron con agrado. Mi vieja estaba volviendo a su pueblo, sé que lo estaba haciendo. Sus recuerdos sobre él no son más que el nombre de una calle, la dirección (que resultó ser inexacta a cómo la recordaba) y algunos lugares puntuales que había cerca de su casa como referencia.

Envueltos en un silencio llegamos a la calle Encantada, a la dirección donde nació y vivió su primera infancia. En este momento Almería no me importa más, no puedo dejar de mirarla, balbucea algunas palabras, intenta reconocer esa casa que se erige en la esquina, probablemente su cabeza le esté trayendo nuevas olas de recuerdos. Su casa, sus padres, el barco, el mar, esa extraña tierra que la recibió, sus cinco hijos que nacieron acá…

calle encantada

Después de este hallazgo, que pienso completar con un regalo especial para su cumpleaños con la complicidad de un amigo que hace unos años, causalmente, se fue a vivir a Almería, ella contó su viaje a todos. Ahora cada vez que me ve en la computadora se interesa en qué estoy haciendo. Tengo una deuda, enseñarle a usar este aparatito milagroso, aparatito que la llevó de ida y vuelta a su casa en un viaje de 63 años que duró un par de horas; un verdadero viaje en el tiempo.

A ella hace 58 años la trajeron navegando a Argentina, me reconforta que, virtualmente, yo haya podido llevarla “navegando” de vuelta hacia su tierra. Creo que, de un modo quizás extraño y privativo de otros sentidos, le cumplí su sueño. Sólo yo tengo presente sus caras y gestos al ingresar en el Google Maps y Street Views a calles y lugares que su mente, pese al tiempo transcurrido, se han resistido a olvidar. Pienso que es muy difícil que ella pueda poner sus pies en Almería nuevamente, me alegra y emociona saber que algún día, cuando ella para mí sea un recuerdo como lo fue Almería para ella toda su vida, pensaré en esto y una sonrisa se dibujará en mi rostro, recordando el día en que mi teclado fue el asiento del avión que tanto le hubiera gustado abordar.