La niña que conmovió a un país

Posted on julio 17, 2010

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¿Qué comiste hoy?, preguntó la periodista. Tortilla, respondió la nena con una sonrisa. ¿Y ayer a la noche?”, repreguntó, quizás buscando el efecto premeditado. Fue allí que la niña sentenció: Nada. Y en medio del llanto dijo “no hemos comido nada, no tenemos plata”. Corría el año 2002, Argentina atravesaba la peor crisis económica de su historia. Los problemas sociales eran “la” noticia. Pero no escandalizaban a nadie en un país en el que se han robado hasta el asombro. Pero un día, una camara de televisión se paró frente a una niña de la provincia de Tucumán de 8 años de edad:  Barbarita Flores. Su imagen, su llanto y sus palabras, sacudieron el alma de todo el país y recorrieron el mundo. Esta es la historia de la increíble cadena solidaria que le siguió a esa imagen, de la reacción de los gobiernos, del rol de los medios y de la desnutrición. Es la historia de Barbarita, que hoy tiene 16 años y cuyo llanto, según su madre, “salvó a la familia”.

Ocho años después, aún duele verlo.

Barbarita dijo eso luego de haberse desmayado de hambre en la escuela. Pesaba 24 kilos. Su historia, o tal vez el hecho de llorar de hambre, así como suena, pusieron a la desnutrición en el tapete y generó una ola de reacciones en un país en el que entonces el 26% de sus habitantes era indigente. La niña se convirtió en un producto televisivo, en sensación mediática durante varias semanas.

Llevada a una famaque no buscó, Barbarita años después (ver segundo video) aborrece estudiar, ir a la escuela. ¿Por qué? Porque en su escuela, la empezaron a llamar “polenta con patas” (en alusión a lo que dijo que comía en aquella época). Además, como símbolo rotundo de la ineficacia y la demagogia estatal, los vecinos de la familia Flores muchas veces los señalan con envidia y rencor.

No resulta comprensible si se tiene en cuenta que a consecuencia de esa nota se construyeron 3 escuelas nuevas en la zona, se sacaron leyes (el hambre más urgente) y durante un año y medio el comedor de la zona recibió donaciones todos los días. Sin embargo, la ayuda particular que recibió la familia, su padre  fue tomado como empleado en la Casa de Gobierno, por ejemplo, generó el rencor de vecinos que, en muchos casos, pasaban o pasan por la misma situación y no llegan a entender “por qué a ellos sí y a nosotros no”.

El recelo se puede comprender bien si se lee el siguiente párrafo aparecido en una nota de Página 12.

““El día que Barbarita y Ruth se desmayaron yo no había podido conseguir nada para comer. Cuando vino la televisión yo me puse a un costado de la casa, me daba vergüenza. En ese momento yo no podía ver lo que pasaba afuera. Sólo pensaba en mis chicos”, comenta Flores. La reacción fue instantánea. La ayuda comenzó a agolparse en la escuela. De todo el país llegaban camionetas de Gendarmería con paquetes con comida, ropa y otras donaciones. “Un día se apareció un hombre de Santa Fe con su camioneta y se paró en la puerta de casa. Quería conocernos. Más tarde mandó un camión con las puertas, las ventanas y las chapas que hoy usted puede ver”, comenta Samuel. Al santafesino le siguieron otros: una jueza tucumana, Pilar Pietro, descargó muchas cajas de comida y ayuda en el living, en ese momento sin techar. “Un día llegó un hombre caminando con una bolsa de comida. Venía de Buenos Aires y había viajado en tren”, recuerda Samuel. Susana, una porteña que los visitó varias veces con su camioneta hasta el techo de cosas, suele incentivar al resto de los hijos de los Flores para que terminen los estudios. Un día golpearon obreros de la empresa telefónica. La instalación y el aparato estaban pagos, Samuel tenía que firmar la conformidad. Durante mucho tiempo, Julia, la benefactora, pagaba la factura en Buenos Aires. Hace un tiempo Julia se fue a vivir a Uruguay. Les dijo que no podría seguir pagando la cuenta y les recomendó que no perdieran la línea telefónica”.

Pasado ese shock mediático, los Flores siguen viviendo en el mismo lugar, pusieron un pequeño almacén. Nadie en la familia se desmaya de hambre, pero nadie podría decir que no son pobres.

La fama es una señora de cuidado. Puede ser la rosa más bella del jardín, y también la espina más traicionera de esa rosa. Mientras Barbarita sufrió la burla social de sus pares por su repentina fama (“se burlaban de lo que era verdad, dice ella), su madre no duda en aseverar que “mi familia se salvó gracias a todo lo que pasó con ella”.

Hoy Barbarita ya es una mujer. Para un problema global el Estado reaccionó ayudándola a ella. Es como si en una guerra un soldado de un batallón comunicara al exterior que están siendo liquidados por el enemigo y su gobierna respondiera sacando al soldado de la guerra y dejando a sus compañeros en la misma situación. Demagogia, ineficacia.

“Los políticos vinieron porque sintieron la presión mediática y para decir, bueno, yo estuve ahí”, cuenta el padre de la familia. Toda una definición de política tercermundista. Si bien hoy los índices de indigencia y pobreza han bajado, compararlo con aquéllos números no es acertado, ya que por entones la situación era de caos total. El precipicio no estaba a un paso, la caída ya había empezado y todos luchaban por aferrarse a algo.

El siguiente es el informe de un programa 6 años después de aquél abril de 2002 en que los argentinos derramaron lágrimas de realidad, de cruda realidad.

El rol de los medios

No se puede dudar de dos cosas, irónicamente distintas entre sí. Los medios ayudaron, sirvieron de algo, al menos para esa familia. Y claro, también hicieron su show, hubo de todo, morbo repugnante y trabajos más serios al respecto. Documentales, etc.

Hoy en día, en que en la televisión argentina los programas más vistos pasan por desnudos (bueno, semi desnudos, ver Show Match…) y horas y horas de tevé que se retroaliemnta de sí misma consumiendo y ofreciendo frivolidades, hay desnudos que no venden, que no son noticia. HAy “Barbaritas” que en pleno invierno viven así.

La foto, que muestra los pies apenas cubiertos por una sandalias en medio de 8.6º grados bajo cero, apareció en la edición impresa de Diario Uno del miércoles en medio de la ola de frío polar. Cuenta la vida de una familia pobre. Pero esto no es un escándalo, si hasta, como dije antes, el asombro hemos perdido. Es uno más. Tal vez reciba la visita de algún funcionario, tal vez no. Tal vez hace falta otra “Barbarita”, u otra crisis encarnizada.

¿Sirvió de algo?

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