El hombre que posó junto a su tumba

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Segundo Benero Díaz se enteró de su muerte el día que se quedó sin empleo. Cuando quiso tramitar el seguro de desempleo la empleada lo miró a la cara y le dijo: “Pero usted… está muerto”. Y lo estaba nomás, al menos para el sistema, ya que desde un hospital se había emitido un acta de defunción que decretó su muerte por “una hematoma intercerebral”. Aunque ahora, mientras posa para la foto junto a la tumba que lleva su nombre, se ríe de a ratos de su propia “muerte”, Segundo estuvo tres años sufriendo por el error administrativo que lo dejó “sin vida”.

Esta historia real tuvo como epicentro la ciudad de San Rafael, en la provincia argentina de Mendoza. Segundo Benero Díaz, comenzó a estar muerto el 22 de febrero de 2002, aunque recién se enteró de este pequeño detalle, tres años después, cuando quedó sin empleo y quiso recurrir al fondo de desempleo. Obviamente le fue negado, pues los muertos no tienen beneficios, al menos en esta vida. Aunque parezca mentira, fueron los medios los que lo resucitaron, ya que la publicación de su historia hizo que el “fatal” error burocrático comenzara a intentar ser solucionado.

Mientras todavía penaba reclamando su vida, Segundo explicaba su caso. ““Al principio creíamos que era un error administrativo no tan serio que ya se iba a solucionar, pero hoy ya no puedo ni andar tranquilo por la calle porque si la policía me detiene, va a creer que ando con documento falso”.

–¿Sabés cuál es el problema? Que yo estoy enterrado acá… Yo me salí, ironizó Segundo con uno de los cuidadores del cementerio. –A la miércole… ¿Así que se escapó usted?, atinó a contestarle el hombre sin dar más respuesta.

En su historia clínica estaban sus datos personales, aunque los espacios de estado civil, profesión y lugar de nacimiento aparecían con la leyenda “se ignora”, y el número de documento de identidad figuraba como que “no fue presentado”.

Por esas “cosas” de la (mala) política, a Segundo Benero Díaz se le permitió votar en una ocasión (en otra no), pero no cobrar un sueldo por desempleo. Su “muerte” aparentemente fue un caso de equivocación por homónimo.

“En el expediente tengo dos historias clínicas: la de un Segundo Díaz fallecido el 14 de febrero de 2002 y la de Segundo Benero Díaz que seguramente llegó al hospital por razones de salud y su historia clínica se mezcló con la del fallecido”, dijo el juez aquella vez. El origen de esta extraña equivocación se remonta a febrero de 2002, en el hospital Teodoro Schestakow de San Rafael, cuando se solicitó la historia clínica de una hombre fallecido. Aparentemente, por error, se remitió la de este hombre de 49 años, Segundo Benero Díaz, que reclamaba poder tener su documentación en regla, para trabajar o poder cobrar los planes sociales, señalaron por entonces los medios de comunicación, que lo llevaron varias veces hasta su propia tumba para hacer las imágenes de rigor.  La confusión surgió cuando ingresó al hospital una persona fallecida,  casi un homónimo, ya que se trató de Segundo Díaz, y no de Segundo Benero Díaz. La historia terminó con un hombre que sí puede probar que “resucitó” y con un grosero error administrativo que probó que hay errores que matan.

Finalmente, casi un año después de que su caso se hiciera mediático, Segundo pudo acceder al seguro de desempleo.

Los datos fueron extraídos de las siguientes fuentes:

http://edimpresa.diariouno.net.ar/2005/05/28/nota10410.html

http://edimpresa.diariouno.net.ar/2005/05/30/nota10603.html

http://www.losandes.com.ar/notas/2005/5/28/sociedad-154963.asp

http://www.losandes.com.ar/notas/2005/5/29/sociedad-155039.asp

http://www.losandes.com.ar/notas/2005/5/31/sociedad-155282.asp

http://www.losandes.com.ar/notas/2005/6/12/sociedad-156467.asp

http://www.diariosanrafael.com.ar/nota.php?id=708 (última foto)

Recreación narrativa: Javier Martín

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7 comentarios en “El hombre que posó junto a su tumba

  1. Vemos un escenario donde la cultura europea, y todo lo que conlleva, está en peligro. La cultura occidental y sus valores están al borde de la desaparición. Si no ponemos remedio pronto, seremos exterminados en muy poco tiempo. Es irónico pensar que hay muchos europeos que desean este exterminio de cultura y forma de vida. Y me gustaría ver sus caras si algún día un yidahista obliga a sus hijas a vestir un burka (esto ha ocurrido en lugares como Afganistán o Irán. España, Europa entera, no sería una excepción). Seguro que no les hará mucha gracia.

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  2. Pingback: El hombre que posó junto a su tumba

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