El increíble hongo que está extinguiendo a los anfibios

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Apareció en los ’80 pero al estilo de los mejores criminales, logro estar muchos años en la sombra. Incluso de la ciencia. Su nombre es extraño, tanto que algunos lo simplifican con el rótulo de “hongo asesino”. Y no exageran. El Tacrocrinium bendobatrifis es el culpable de que en este momento los anfibios estén sufriendo un proceso de declinación y extinción a nivel mundial, comparable solamente a la extinción de los dinosaurios del Cretáceo. Es el “asteroide” de los anfibios.

Surgido en los inicios de 1980, al igual que la música que marcaría la década, este hongo no se dejó ver (o no lo supimos ver) hasta 1990. Entonces poblaciones enteras de anfibios habían desaparecido.  Al comienzo sólo se sabía que atacaba la piel y producía una muerte fulminante. En síntesis, no se sabía nada. La investigación científica ha logrado conocer más sobre este perfecto asesino .

Primero descompensa el equilibrio de los iones en la piel y luego se extiende de tal forma que termina desestabilizando el ritmo cardiaco que basa su funcionamiento en unas buenas proporciones de iones positivos y negativos: sin ellas el corazón entra en colapso.

Sobre la extinción de los anfibios y su enemigo, Esteban Lavilla, doctor en Zoología y miembro del Conicet en Argentina, afirma que “este hongo ataca la piel de los anfibios y los mata en muy poco tiempo, y eso es algo que nos agarró completamente desprevenidos. En 1989 hicimos el Primer Congreso Mundial de Herpetologíaque es la rama de la ciencia que estudia los anfibios y reptiles, en Londres, y notamos que eran fenómenos locales de magnitud global. Los anfibios se estaban extinguiendo en Panamá y en Australia: uno de los casos mas emblemáticos de extinción es el sapo dorado de Costa Rica. La cuestión es que con esta historia las declinaciones poblacionales y las extinciones que se venían provocando nos parecían cosas de brujas, hasta que a mediados de los ’90 se aísla y se advierte que este hongo proviene de una sola cepa, ya que todas las muestras dan 99 por ciento de coincidencia en el ADN, y que es una enfermedad emergente que se dispersa en forma explosiva con una situación comparable a lo que pasó con las epidemias de gripe aviaria o de sida”.

Distribucion del hongo.

El hongo asesino está hoy en los cinco continentes, vive en todos los ambientes, hasta en las alturas y en los lugares secos. Se extiende como la polvora: viaja en las plumas de las aves o en el barro de las botas de los montañeros. El máximo problema es que no hay conocimientos sobre la resistencia del hongo ni de cómo detener la explosiva propagación que posee.

Si las afirmaciones sobre las contundencias de su propagación parecen exageradas, basta la mención de un caso para confirmar las peores teorías: han aparecido poblaciones de anfibios moribundas en lagunas del Cuzco, a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar.

Por lo menos 110 especies de ranas arlequín vivieron alguna vez cerca de los arroyos en los trópicos del centro y el sur de América, pero aproximadamente dos terceras partes desaparecieron en los años ochenta y noventa.

Para que quede más claro cómo actúa, investigadores australianos señalaron en publicaciones científicas que “este letal hongo crece y se reproduce mejor a temperaturas entre 17 y 25 grados Celsius, y se adhiere a la piel de esos animales. Una vez allí, el hongo bloquea el transporte de electrolitos en la piel de las ranas, causando un desequilibrio en las concentraciones de estos en la sangre, lo cual puede ser lo suficientemente severo como para causarles un paro cardíaco”.

Por efecto de este hongo se inhibe en más del 50% el paso de los electrolitos por la piel. Los electrolitos son sustancias que contiene iones libres y que se comportan como un medio conductor eléctrico.

Además, la presencia del hongo reduce entre un 20% y un 50% las concentraciones de sodio y potasio en el plasma de las ranas. El plasma en las ranas equivale a la sangre en los seres humanos.

Preguntado sobre qué hipotesis se manejan sobre el hongo, Lavadía tiene una respuesta tan clara como alarmante. “Ninguna. Lo que tenemos es una tormenta de ideas, un abanico de posibilidades y estamos absolutamente desconcertados”. Este cientifico argentino codirije a un grupo de gente que estudia al hongo y que está dirigido por Mónica Estesiou del Instituto Espegazzini, que es un instituto especializado en hongos de la Universidad de La Plata.

Otro dato sorprendente en esta historia que bien podría ser la extinción de los anfibios, es que aparte de las lesiones en la piel de los muertos, los anfibios analizados nunca muestran daños físicos internos que pudieran indicar que se encontraban enfermos.

Toda una especie de seres vivos depende en este momento de la rapidez de la Ciencia para encontrarle el talón de Aquiles al hongo. De lo contrario, sufrirán el mismo destino que los dinosaurios.

Fuentes: 1, 2, 3.

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