Vivir y morir en un país tercermundista

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Así como en el fútbol hay temples y talentos que se ponen a prueba en los grandes partidos y finales, en el desarrollo de los países hay características y, por qué no, parte del futuro, que se pone  a prueba en los hechos más relevantes. La muerte de Néstor Kirchner me deja dos cosas: la incertidumbre por lo que puede pasar y la certidumbre de por que somos un país tercermundista.

En un momento donde redes sociales como Twitter están de moda por estos lares (2 o 3 años después que en otros países), son esos sitios impersonales una buena medida para dirimir esas inquietudes.

Y una primera medición me dejó perplejo. He leído de todo, pero me quedo con dos cosas: los fanáticos que ya pretenden convertir a Kirchner en un nuevo Perón y los otros, los que festejan la muerte ajena.

En el primer grupo llaman a manifestaciones para agradecer a “uno de los que más hizo por la justicia social y el bienestar de todos los argentinos después de Perón”. Se enfurecen ferozmente con quienes, de forma infantil y desprovistos del mínimo raciocinio en muchos casos, hacen chistes con la muerte de N.K. Se insultan, están pendientes de los movimientos de los “enemigos”, buscan descubrir en una mirada, en una declaración, un supuesto oportunismo, una mueca de satisfacción. Buscan culpables. Pienso que si estuviéramos en otras épocas los pondrían en la hoguera sin pensarlo.  Me asusto, no estoy en este grupo.

El otro busca hacer el mejor chiste sobre la muerte y reproducen los de otros. Hablan de que no van a mostrar amargura por la muerte de alguien que no respetaban, que odiaban, que robó, dicen otros.  En el fondo en su mayoría se asemejan a los espectadores de las luchas de los gladiadores romanos que le piden al vencedor que le corte la cabeza al sangrante arrodillado. La estocada final al toro vapuleado. Que salga por la puerta de atrás y que pase el que sigue.

Divide y reinarás. O no.

Y a mi mente me vienen los temidos “ismos”, que nunca han traído nada bueno. En un país donde NK era la cabeza principal de la agrupación política que conduce el país y que muy probablemente lo fuera a seguir conduciendo en su persona en el 2011, su muerte me produce temor. Tanto como ver la lista de opciones entre los demás partidos. Le deseo fuerzas a la presidenta, por más de que muchos de sus actos políticos no me conformen, pienso en la gobernabilidad, en la institucionalidad. Sólo eso, simplemente eso. Le deseo suerte a mi país, que a golpes busca su desarrollo.

Mi ventana se golpea por el viento, en la televisión repiten la misma frase: “Murió Néstor Kirchner”. Las cortinas musicales lúgubres me completan la escena. Leo pero no quiero leer. Me enojo. Me insultan unos y otros. Es que parece que no estar en ningún grupo es un pecado mortal. “Primero mataré a los enemigos, luego a sus cómplices y después a los indecisos”. La frase es de un miembro del nazismo que ahora no recuerdo. Soy un tibio. Busco en mi armario una máscara. Estoy a punto de poner 140 caracteres que me convertirán en uno más de esos grupos. Lo redacto. Mi ventana se golpea de nuevo. Me detengo. Veo los “retweets”. Hay de todo, pocas reflexiones inteligentes, muy pocas. Me callo. Dejo el tuit vacío. Me gustaría retuitear uno así.

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3 comentarios en “Vivir y morir en un país tercermundista

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  2. Soy medio un cerito en materia de escritura, por lo que nno tiene por qué ayudar a tu ego un comentario mío. Sólo puedo decirte Javi que me sentí muy identificado.
    Brillante.

    Un abrazo

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