La energía nuclear en el mundo

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En momentos donde gran parte del mundo ve con preocupación lo que sucede en Fukushima, Japón, la energía nuclear vuelve a ser el centro del debate.

Sus defensores señalan que la energía nuclear es una fuente energética que garantiza el abastecimiento eléctrico, frena las emisiones contaminantes, reduce la dependencia energética exterior y produce electricidad de forma constante con precios estables y predecibles. Así lo entienden cada vez más gobiernos de distintos signos que apuestan por el mantenimiento de las centrales nucleares en sus países y la construcción de nuevas plantas (fuente).

En cambio sus detractores sostiuenen que la energía nucleoeléctrica representa una enorme amenaza para la salud humana y los ecosistemas. Sus riesgos e impactos se extienden desde la minería de uranio, la fabricación de los combustibles nucleares, la propia operación de las plantas atómicas y la incesante generación de residuos altamente radiactivos. Su vínculo con la industria de armamentos y sus problemas técnicos y económicos no resueltos hacen necesario un rápido abandono de la opción nuclear. (fuente)

Pero ¿cuántas centrales nucleares hay en le mundo?

 

 

Centrales Nucleares en el mundo

País UNID MW (net)
1. Estados Unidos 104 101.216
2. Francia 58 63.236
3. Japón 55 47.348
4. Rusia 32 23.084
5. Alemania 17 20.339
6. R. Corea 20 17.716
7. Ucrania 15 13.166
8. Canadá 18 12.679
9. Reino Unido 19 11.035
10. China 12 9.624
11. Suecia 10 9.399
12. España 8 7.727
13. Bélgica 7 5.943
14. India 19 4.183
15. R. Checa 6 3.686
16. Suiza 5 3.252
17. Finlandia 4 2.721
18. Bulgaria 2 1.906
19. Brasil 2 1.901
20. Hungría 4 1.880
21. Sudáfrica 2 1.842
22. Eslovaquia 4 1.760
23. México 2 1.310
24. Rumanía 2 1.310
25. Argentina 2 935
26. Eslovenia 1 696
27. Países Bajos 1 485
28. Pakistan 2 400
29. Armenia 1 176

 

Fuente: Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA)-agosto 2010

En el mundo hay 434 centrales nucleares, de las cuales 196 están en Europa y 104 sólo en Estados Uidos. En Latinoamérica, con 6 plantas, Brasil, México y Argentina son los países con capacidad nuclear. Chile estaba planeando contruir 2 pero durante la reciente visita de Obama anunció la suspensión

En Construcción:

China 27

Rusia 11

Corea S 5

India 5

Japón 2

Eslovaquia 2

Ucrania 2

Bulgaria 2

Taiwán 2

Irán 1

Brasil 1

Francia 1

Finalndia 1

Pakistán 1

EE.UU. 1

Argentina 1

 

 

La niña que conmovió a un país

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¿Qué comiste hoy?, preguntó la periodista. Tortilla, respondió la nena con una sonrisa. ¿Y ayer a la noche?», repreguntó, quizás buscando el efecto premeditado. Fue allí que la niña sentenció: Nada. Y en medio del llanto dijo «no hemos comido nada, no tenemos plata». Corría el año 2002, Argentina atravesaba la peor crisis económica de su historia. Los problemas sociales eran «la» noticia. Pero no escandalizaban a nadie en un país en el que se han robado hasta el asombro. Pero un día, una camara de televisión se paró frente a una niña de la provincia de Tucumán de 8 años de edad:  Barbarita Flores. Su imagen, su llanto y sus palabras, sacudieron el alma de todo el país y recorrieron el mundo. Esta es la historia de la increíble cadena solidaria que le siguió a esa imagen, de la reacción de los gobiernos, del rol de los medios y de la desnutrición. Es la historia de Barbarita, que hoy tiene 16 años y cuyo llanto, según su madre, «salvó a la familia».

Ocho años después, aún duele verlo.

Barbarita dijo eso luego de haberse desmayado de hambre en la escuela. Pesaba 24 kilos. Su historia, o tal vez el hecho de llorar de hambre, así como suena, pusieron a la desnutrición en el tapete y generó una ola de reacciones en un país en el que entonces el 26% de sus habitantes era indigente. La niña se convirtió en un producto televisivo, en sensación mediática durante varias semanas.

Llevada a una famaque no buscó, Barbarita años después (ver segundo video) aborrece estudiar, ir a la escuela. ¿Por qué? Porque en su escuela, la empezaron a llamar «polenta con patas» (en alusión a lo que dijo que comía en aquella época). Además, como símbolo rotundo de la ineficacia y la demagogia estatal, los vecinos de la familia Flores muchas veces los señalan con envidia y rencor.

No resulta comprensible si se tiene en cuenta que a consecuencia de esa nota se construyeron 3 escuelas nuevas en la zona, se sacaron leyes (el hambre más urgente) y durante un año y medio el comedor de la zona recibió donaciones todos los días. Sin embargo, la ayuda particular que recibió la familia, su padre  fue tomado como empleado en la Casa de Gobierno, por ejemplo, generó el rencor de vecinos que, en muchos casos, pasaban o pasan por la misma situación y no llegan a entender «por qué a ellos sí y a nosotros no».

El recelo se puede comprender bien si se lee el siguiente párrafo aparecido en una nota de Página 12.

«“El día que Barbarita y Ruth se desmayaron yo no había podido conseguir nada para comer. Cuando vino la televisión yo me puse a un costado de la casa, me daba vergüenza. En ese momento yo no podía ver lo que pasaba afuera. Sólo pensaba en mis chicos”, comenta Flores. La reacción fue instantánea. La ayuda comenzó a agolparse en la escuela. De todo el país llegaban camionetas de Gendarmería con paquetes con comida, ropa y otras donaciones. “Un día se apareció un hombre de Santa Fe con su camioneta y se paró en la puerta de casa. Quería conocernos. Más tarde mandó un camión con las puertas, las ventanas y las chapas que hoy usted puede ver”, comenta Samuel. Al santafesino le siguieron otros: una jueza tucumana, Pilar Pietro, descargó muchas cajas de comida y ayuda en el living, en ese momento sin techar. “Un día llegó un hombre caminando con una bolsa de comida. Venía de Buenos Aires y había viajado en tren”, recuerda Samuel. Susana, una porteña que los visitó varias veces con su camioneta hasta el techo de cosas, suele incentivar al resto de los hijos de los Flores para que terminen los estudios. Un día golpearon obreros de la empresa telefónica. La instalación y el aparato estaban pagos, Samuel tenía que firmar la conformidad. Durante mucho tiempo, Julia, la benefactora, pagaba la factura en Buenos Aires. Hace un tiempo Julia se fue a vivir a Uruguay. Les dijo que no podría seguir pagando la cuenta y les recomendó que no perdieran la línea telefónica».

Pasado ese shock mediático, los Flores siguen viviendo en el mismo lugar, pusieron un pequeño almacén. Nadie en la familia se desmaya de hambre, pero nadie podría decir que no son pobres.

La fama es una señora de cuidado. Puede ser la rosa más bella del jardín, y también la espina más traicionera de esa rosa. Mientras Barbarita sufrió la burla social de sus pares por su repentina fama («se burlaban de lo que era verdad, dice ella), su madre no duda en aseverar que «mi familia se salvó gracias a todo lo que pasó con ella».

Hoy Barbarita ya es una mujer. Para un problema global el Estado reaccionó ayudándola a ella. Es como si en una guerra un soldado de un batallón comunicara al exterior que están siendo liquidados por el enemigo y su gobierna respondiera sacando al soldado de la guerra y dejando a sus compañeros en la misma situación. Demagogia, ineficacia.

«Los políticos vinieron porque sintieron la presión mediática y para decir, bueno, yo estuve ahí», cuenta el padre de la familia. Toda una definición de política tercermundista. Si bien hoy los índices de indigencia y pobreza han bajado, compararlo con aquéllos números no es acertado, ya que por entones la situación era de caos total. El precipicio no estaba a un paso, la caída ya había empezado y todos luchaban por aferrarse a algo.

El siguiente es el informe de un programa 6 años después de aquél abril de 2002 en que los argentinos derramaron lágrimas de realidad, de cruda realidad.

El rol de los medios

No se puede dudar de dos cosas, irónicamente distintas entre sí. Los medios ayudaron, sirvieron de algo, al menos para esa familia. Y claro, también hicieron su show, hubo de todo, morbo repugnante y trabajos más serios al respecto. Documentales, etc.

Hoy en día, en que en la televisión argentina los programas más vistos pasan por desnudos (bueno, semi desnudos, ver Show Match…) y horas y horas de tevé que se retroaliemnta de sí misma consumiendo y ofreciendo frivolidades, hay desnudos que no venden, que no son noticia. HAy «Barbaritas» que en pleno invierno viven así.

La foto, que muestra los pies apenas cubiertos por una sandalias en medio de 8.6º grados bajo cero, apareció en la edición impresa de Diario Uno del miércoles en medio de la ola de frío polar. Cuenta la vida de una familia pobre. Pero esto no es un escándalo, si hasta, como dije antes, el asombro hemos perdido. Es uno más. Tal vez reciba la visita de algún funcionario, tal vez no. Tal vez hace falta otra «Barbarita», u otra crisis encarnizada.

¿Sirvió de algo?

Cuando la piel habla

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El tatuaje, en un estrato de la sociedad, es una moda, un símbolo de rebeldía, incluso un recurso estético. Pero hay otro sector en el que el tatuaje es mucho más significativo que eso. Los tatuajes carcelarios.

En medio del tedio, en un encierro donde el tiempo parece quieto, Juan Carlos, un preso de 22 años, se saca la remera y le pide a su compañero de celda que le pinche la aguja sobre el dibujo que se ha hecho en el brazo: es una espada rodeada por una serpiente y representa la muerte de un policía (ver original).

Hace un tiempo me tocó cubrir para el diario un escalofriante caso de homicidio. Un reo salido en libertad condicional no mucho antes, asesinó a un joven de unas 30 puñaladas. No conforme con eso, le cortó un tatuaje que tenía en la espalda. No entraré en los detalles de las declaraciones de sus cómplices, que señalaron que masticó ese pedazo de piel con el tatuaje y dijo «está salado». Sólo quiero referirme a una de las hipótesis que se manejó respecto a por qué había hecho eso. Se dijo que lo hizo (aunque nunca se comprobó) porque el joven lo había delatado en una causa entonces no merecía el «estatus» que le daba ese grabado. Jerga carcelaria, que le dicen.

La colección de tatuajes en el Departamento de Medicina Forense de la Universidad Jagellónica de Cracovia, Polonia, se compone de 60 objetos conservados en formol. Los tatuajes fueron recogidos de los presos de la penitenciaría, así como de los difuntos a quienes les fueron practicadas necropsias. El estudio señala que la mayoría son conexiones entre los internos y llevan consigo información. De hecho, muchas cárceles de países del primer mundo fotografían y estudian cada tatuaje en el cuerpo de los reos en busca de mensajes, de nuevas técnicas de comunicación secreta.

«Muchas veces un pandillero nuevo en la cárcel lleva inscripto en su cuerpo el mensaje de matar a determinado rival dentro de la cárcel», escuché decir a un guardia en un programa de Discovery sobre cárceles. Lo hacen para evitar riesgos de ser relacionados con el crimen, para volver invisibles losplanes criminales.

Los tatuajes tienen patrones y muchas veces representan pertenencia: a una banda (los famosos Maras centroamericanos lo usan mucho), a una raza, un barrio o a una categoría de delincuente.

No es lo mismo ser un ladrón, un homicida, que un violador. En Argentina, la marca identificatoria de un violador es este tatuaje.

La manzana comida tiene detrás una historia sangrientay que marcará a fuego la estadía de su portador: significa que quien lo lleva es la «mujer» de los demás presos. Será violado cada vez que el resto pueda y quiera y deberá realizar tareas «de hogar» para los demás, eso si tiene suerte, y no es asesinado antes. Ser violador, o violín, como se dice en Argentina, es una deshonra entre los delincuentes.

Hace unos meses, hablando con un guardiacárcel argentino, este me contó que cuano ingresan a un nuevo violador a la cárcel, los encargados de su traslado suelen «informar» su delito con una seña musical: hacen un movimiento con una mano sobre la otra, simulando el que hace un violinista al ejecutar su instrumento. El mensaje es claro: se trata de un violín.

Como en muchas cárceles hacerse un tatuaje no es sencillo por la falta de elementos para realizarlos o directamente porque está prohibido hacerlos, los reos agudizan su ingenio para realizarlos. Este es uno de los modos.

Se queman una ojota. Se coloca un plato y el humo que sale de la ojota se hace hollín que se pega al plato. Después ese hollín se raspa con una moneda. Se le pone un chorrito de orina , agua, pasta dentífrica y lista la tinta.
Se comienza a raspar la piel con las agujas y se traza el diseño.
Cuando empieza a brotar un poquito de sangre, se mojan las agujas en tinta china.
Se sigue raspando hasta que se vea que la tinta ha llegado a cierta profundidad de la piel.
Con alguna tela, se cierra bien fuerte y haciendo presión sobre la zona tatuada. El siguiente es un «arma tatuadora», usada en prisiones yanquis.

En la década del ’70 en Varsovia las autoridades analizaron 2.300 tatuajes para finalmente llegar a crear un catálogo de ellos. El proyecto de la universidad polaca de la que hablaba al principio muestra algunos de ellos en el video de este texto que recomiendo (en inglés).

El criminólogo español Rafael Salillas llevó a cabo un exhaustivo estudio sobre los tatuajes en los centros penitenciarios españoles en relación con el ambiente marginal y de exclusión social de las poblaciones de dichas instituciones.

Las partes preferidas del cuerpo son los brazos, en primer lugar, y el torso, en segundo lugar. Los motivos religiosos predominaban en presos por delitos de agresión personal y los motivos emocionales en presos por delitos de robo. Suele abundar la presencia de iniciales y ello tiene que ver con las relaciones sociales y la historia social personal de cada sujeto.

Muchas veces el tatuaje expresa un sentimiento religioso que acompaña al reo por muy delincuente que sea. Los tatuajes eróticos, amorosos, obscenos, se encuentran en un 15 a 20% de los estudiados. Hay tatuajes exhibicionistas propios de psicópatas sexuales, tribádicos propios de lesbianas o pederastas. Los tatuajes eróticos llegan al 40% en esas estadísticas (ver texto original).

Muchas veces los tatuajes se convierten en el peor enemigo para los portadores. Violadores que son apresados por «ese tatuaje en su mano», ladrones que son identificados por el tatuaje de la muñeca, etc. Ni la condición sexual se sava de tener su propia marca. En Argentina (vale la aclaración porque las significancias cambian de acuerdo a los países) un gay llevará marcado un alacrán.

Uno de los más elocuentes y sangrientos es el que representa la muerte de un policía. El delincuente que lo porta informa que es el asesino de un policía. Entre rejas, esa sola información le dará poder, sabido es el odio de los malvivientes hacia la ley, encarnado en quienes la representan. Este es el símbolo que lo ejemplifica; una serpiente enrollada en una espada.

En la imagen de apertura de este texto, los cinco puntos representan el odio a la policía. El punto del medio es el oficial, y los otros cuatro son los delincuentes rodeándolo.

El estigma se materializa en el tatuaje. Y se vuelve tan permanente como el color de la piel. Sin ser signos congénitos, los tatuajes son una marca permanente. El tatuaje visibiliza un estigma que podría permanecer relativamente oculto. Al menos, no tan visible físicamente. El tatuaje, así como la forma de vestir, crea una deformación física que no existía. Previene y provoca al transeúnte contra su portador. Un delincuente común quiere operar de forma solapada. El pandillero tatuado se denuncia ante sus víctimas potenciales. Mientras el ladrón premeditado disimula e intenta no delatarse, el pandillero se exhibe. Situado en las antípodas del cálculo del ladrón profesional, el pandillero muestra espontaneidad en la elección de su víctima, irracionalidad en su arrojo, improvisación de sus recursos y rasgos que denuncian su propósito: los tatuajes del curriculum, la jerga que activa una alarma, la forma de caminar.

El tatuaje tiene la propiedad de relegar, marginar. Como todo símbolo, el tatuaje provoca un diálogo y crea relaciones, o recrea las relaciones, reproduce y exacerba marginaciones. El estigma previamente existente de la marginación se cristaliza en las señales distintivas del pandillero y éste se convierte en un militante de su estigma. Los tatuajes, el particular atuendo, la manera de hablar y la forma de caminar son la señal, el aviso, de que ellos se inscriben en el grupo de los desacreditados. Provocan su desacreditación, levantan la sospecha. Procuran que sea perceptible su condición de estigmatizados, rebeldes y divorciados del orden establecido. Logran ser definidos por los demás en términos de su estigma (ver texto original).

El amor a las madres, el culto a un ídolo o santo (San La Muerte está de moda entre reos sudamericanos), un club de fútbol y muchos motivo más, son otros de los tipos de tatuajes elegidos en el mundo carcelario.

Quitar esa marca, esa identidad, se conivierte a veces en el objetivo para recuperar del mal camino a un pandillero, como intentan hacer en El Salvador (ver original). Quitárselo, incluso para quienes no han cometido delito alguno más que olvidarse que eso los acompañará por siempre, ya es otro tema, nada sencillo.

«Mi amor, me voy a buscar ayuda» y un beso en la frente al borde de la muerte

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Una pareja sale a pasear por el río de La Plata en una lancha, la cual en un momento se parte en dos y deja a ambos flotando a la deriva. Intentan nadar hacia la costa pero él pronto se da cuenta que su mujer no puede seguirlo, está agotada. Luis Crespo, el protagonista de esta historia de película pero real, tuvo que tomar la decisión más difícil se su vida. Se volvió hacia su mujer, Laura Di Battista, la miró a los ojos, le besó la frente y le dijo: «»Mi amor. Voy a buscar ayuda. Esperame». Eran las tres de la tarde y después de ver alejarse a su marido, doce horas después, Laura seguía sola en medio del río. Le faltaba una hora para morir.

Luis y Laura llevan un año juntos cuando en la mañana del 24 de marzo de 2009 partieron en una lancha por el Río de La Plata desde Buenos Aires a Colonia (Uruguay). Obviamente jamás imaginaron lo que vivirían. Habían partido al mediodía y a eso de las 15.30 el destino los empezó a poner a prueba. La lancha se abrió, empezó a entrar agua y tuvieron que tirarse al río.

Un flotador (chaleco salvavidas -ver nota 3-) era su única compañía en medio del agua. Alrededor era todo inmesidad, todo río.  Intentaron nadar hacia la costa los dos, pero pronto Luis descubrió que ella no podía hacerlo. Pasaron unos instantes. Tenía enfrente, a lo lejos, una pequeña referencia de lo que podía ser la costa (estaba a seis kilómetros) y atrás, a su mujer flotando casi inmóvil.

Fue ahí que él tomó la decisión más dura de su vida. Una decisión que lo atormentaría después mientras nadaba en busca de la orilla. Se volvió hacia su mujer y pronunció una frase que aún resuena en el medio del río.

«Mi amor. Voy a buscar ayuda. Esperá». Ella comenzó a sollozar y a pedirle que no la dejara. Pero no había otra opción. Era eso o la segura muerte de los dos.

“Empiezo a bracear alejándome de Laura y ella no podía. Para descansar flotaba o hacía la plancha. Nunca dejé de mirar la costa para no perder referencia y buscaba llegar al punto más cercano luchando contra la correntada. Todo el tiempo buscando referencias para ver si avanzaba, eran esas referencias las que me daban esperanza y fuerza para seguir, además en mi cabeza tenía latente la imagen de ella”, explicó Luis después.

Su cruzada contra el río, contra su propio cuerpo y su propia mente, duró siete horas. Siete eternas horas de nado y lucha contra reloj. Cuando finalmente llegó a la costa no encontró ninguna señal de civilización.

Caminó por una especie de monte por unos 500 o 600 metros sin ver nada. Ni una persona, ni una casa. Cero señales de vida.

Cuando la desesperación probablemente comenzaba a invadirlo, observó una luz más adelante. Al caminar hacia ella se dio cuenta que era la fogata que habían hecho unos chicos que acampaban en el lugar y que estaban a punto de irse.

Asistido por ellos, les explicó todo rápidamente y les pidió un celular para solicitar auxilio. Uno de ellos le dijo «yo tengo uno pero no sé si tiene crédito».  Mientras, a siete kilómetros de ahí, en medio del Río de la Plata, a más de siete horas de ver a su pareja alejándose de ella con la promesa de ir por ayuda para salvarla, Laura seguía flotando a duras penas.

“Fueron doce horas en el agua, de espera, de esperarlo. Al principio estaba desesperada pero no tenía la fuerza suficiente para llegar a la orilla. Tenía desesperación por quedarme sola, de no saber si él iba a llegar. Con la noche, la desesperación fue más grande. No veía nada, hacía frío, había olas muy altas y me costaba levantarme. Todo el tiempo hice fuerza para no dormirme. Cuando llegó la noche estaba entregada, el jean lo tenía roto de masajearme las piernas, no sentía el cuerpo, tenía morado todo el cuerpo”, relató después.

A lo lejos, el celular permite una llamada. Una llamada que dio esperanzas. La comunicación con Prefectura Naval dio a inicio a un operativo de búsqueda urgente. Había una mujer que hacía 8 horas flotaba en el Río de la Plata. ¿Estaría viva? ¿La encontrarían?

No era fácil porque desde que ocurrió el naufragio hasta que se notificó a las autoridades pasaron más de ocho horas. Y todo esto dificultado por la oscuridad de la noche, vientos de 32 kilómetros y una marejada de aproximadamente 1,10 metros”, explicaron desde Prefectura.

Ya se había hecho de noche cuando partieron tres embarcaciones y un helicóptero en busca de la mujer, que estaba a punto de entrar en estado de shock por la hipotermia. Un helicóptero la encontró y un oficial se arrojó para rescatarla.

La decisión de Luis, más de 11 horas antes, de dejarla allí, había dado resultados. Ahora podría respirar tranquilo, darle otro beso y, tal vez, en la intimidad y sin los medios de comunicación detrás, decirle: «Amor, volví, te traje la ayuda prometida».

El siguiente es el relato de los náufragos. Link.

Nota 1: Esta historia la recordé al ver esta semana un capítulo del programa Vivir para contarlo, de Discovery, serie de donde saqué algunos detalles. Más fuentes e información extra: 1, 2, 3, 4 (de acá es el audio) y 5.

Nota 2: Fuente original de la foto de entrada (a modo ilustrativa del Río de la Plata) Flickr.

Nota 3: Desde Prefectura recalcaron que ambos, sobre todo la mujer, sobrevivieron por llevar puestos el chaleco salvavidas, más salvavidas que nunca. Usalo.

El gaucho que recuperó las Islas Malvinas

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Su rostro no aparece en ninguna parte, su historia casi que tampoco. No hay calles que lo recuerden. Era un peón de apenas 25 años que criaba ovejas en medio de la inhóspita Malvinas. Pero un día, tras la ocupación de los británicos de ese territorio, el gaucho Rivero, encabezó una rebelión, recuperando las Islas. Esta «epopeya» del gaucho argentino duró poco más de 4 meses, cuando este levantamiento fue aniquilado por la Marina inglesa. Esta es la historia de un gaucho que desde el 26 de agosto de 1833 tuvo a las islas en su poder, más tiempo incluso que el propio ejército argentino en 1982.

La historia, que derivaría en el alzamiento de Rivero empieza, quizás, en la sucesión de hechos que jaqueaban a las islas por entonces. Piratas de distintos lugares, sobre todo yanquis, que las tomaban por asalto y gobernadores políticos tal vez abusivos y que se sudecían unos a otros. Así, la historia siguió hasta que las islas quedaron en manos de Julio Simón. Antonio Rivero, gaucho entrerriano, llega a las islas Malvinas en el año 1827. Se dice que trabajó de peón en Puerto Soledad atrapando ovejas y cerdos, a los que luego amansaba. La gran mayoría de los gauchos e indios insurgentes del 26 de agosto de 1833 eran peones, generalmente, mal pagos.

Con el tiempo el poder británico se comenzó a hacer sentir en las islas, hasta llegar al 3 de enero de 1.833, cuando finalmente ocupan las islas. Poco después, un grupo de tres gauchos (Antonio Rivero, Juan Brasido y José María Luna) y 5 indios (Manuel González, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar y M. Latorre, éste de ciudadanía chilena) acopian armas y puñales y en agosto del mismo año hacen frente a la usurpación. Logran quitarles la vida a cinco personas, entre ellas Juan Simón y el irlandés Guillermo Dickson. Este último fue el encargado, por orden expresa del comandante John Onslow, de izar y arriar el pabellón británico cada vez que pasara una embarcación y todos los días domingos.

Desde ese día, hasta el 8 de enero de 1934, las islas volvieron a estar en manos argentinas, aunque hay quienes sostienen que las intenciones de Rivero no eran nacionalistas sino más bien ligadas a la delincuencia. Debe tenerse en cuenta que todo lo sucedido después del levantamiento gaucho fue escrito por los ingleses, quienes consideran la rebelión de Rivero como el «amotinamiento de unos delincuentes» tratados peyorativamente de «gauchos» e «indios salvajes», en esas documentaciones apenas sí se traslucen las causas de los hechos.

La rebelión gaucha terminó en enero de 1934, cuando en el «Challenger» arribaron a las islas enviados por la Corona británica, 35 soldados encabzados por el teniente Henry Smith. Los indios que acompañaron al gaucho en la recuperación del territorio se entregaron el 11 de enero. No fue hasta el 18 de marzoque Rivero pudo ser capturado y llevado prisionero a Londres, donde se pidió la pena de muerte para ellos, sin embargo el tribunal inglés que les juzgó los absolvió al reconocer que sus acciones bélicas habían sucedido fuera de los dominios de la corona (sic).

Aunque no está confirmado, se dice que el Gaucho Rivero murió más tarde combatiendo para Argentina contra los ingleses en la batalla de la Vuelta de Obligado.  Así concluyó esta no muy conocida historia, siempre envuelta en polémica.

Fuentes: la historia, que desconocía y no recuerodo haber leído en manuales de historia, la escuché en boca de un historiador en una radio. Para escribir este texto me basé en datos de acá, acá y acá.

La foto es de carácter ilustrativo y pertence a MzaBlog.

Los 20.000 hijos del Infierno

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En 1.994 en Ruanda se llevó a cabo el genocidio contra la
etnia de los Tutsis. En una de las «guerras» más cruentas de la que la
humanidad haya sido testigo, 800.000 hombres, mujeres y niños fueros
asesinados. Sus asesinos, de la etnia Hutu, además llevaron a cabo un
método escalofriante: la violación masiva y sistemática de las mujeres.
Se estima de que de esas violaciones nacieron 20.000 niños y muchas
mujeres contrajeron el H.I.V. Muchos de esos niños hoy son negados por
sus familias ysus madres, que deambulan muertas en vida sin
prácticamente ninguna ayuda psicológica ni económica de organización o
país alguno. Esta es la historia de esas mujeres, que concibieron a los
hijos del mayor terror que recuerde el mundo moderno.

tutsi-mapa-ruanda

“Esta es mi madre, este es mi hermano” dice una niña Tutsi, señalando una
foto donde se aprecian un montón de esqueletos.  «Esta es la foto que miro cuando estoy en mis peores momentos”, agrega al mismo tiempo que  se muerde el labio para contener el llanto: “Cuando miro esto odio a todo el mundo”.

La matanza comenzó el 7 de abril de 1994, un día después de que el presidente Juvénal Habyarimana, un Hutu, muriera luego de que su avión fuera derribado. A partir de ese hecho, durante cien días, las milicias Hutus encabezaron una matanza contra los Tutsis, un genocidio liso y llano; sólo en la primer semana, 65.000 personas fueron asesinadas.

Los Hutu no sólo mataban, también desarrollaban la guerra psicológica con mensajes radiales como este: “Todos los tutsis perecerán, los vamos a matar a todos como ratas”.

«Los soldados atacaron la casa de mi tío. Lo mataron.Mataron a mi tía. Cuando oyó las balas,  corrió y se escondió debajo de la cama. Ellos pensaron que habían atacado a todos los que se encontraban en la casa. Mi
tía se había muerto pero había puesto al bebé en sus pechos. Por lo tanto,
toda la sala estaba llena de sangre y cadáveres, salvo el pequeño bebé, que
estaba vivo y chupaba los senos de su madre muerta.
Había muchos soldados, y cuando uno me vio me preguntó si yo era de
las cucarachas, porque así llamaban a los tutsis. Ellos me dijeron: «Te
ves como ellos, te vamos a matar».  La vida de Marie fue perdonada por
un soldado, que le dijo que tenía pocas balas y que no las gastaría en
ella. Los milicianos usaban la ironía para hablar de sus violaciones.
Le llamaban «matrimonios» y agregaban: «Nos vamos a casar con
ustedes  hasta que dejen de respirar».

«Yo vivo con un legado del Genocidio, el HIV. soy madre pero no quiero
serlo. Cuando miro a esta niña me recuerda todo aquello. Quizás con el
tiempo me encante mi hija, pero ahora… no», dice con honestidad
brutal Filomena, otra de las miles de víctimas de las violaciones. Lo
mismo dice Valentine: «Me encanta mi primera hija porque fue fruto del
amor con mi marido. El segundo niño es fruto de una circunstancia no
deseada. Nunca he querido a este niño».

Diferente piensa Stella, que señala que «Cuando pienso en la vida de mi hijo veo que él es como un árbol sin ramas. Es mi vida. Si no lo tuviera no sé qué haría». Luego envía un mensaje al mundo, un mensaje al silencio.

«Sufrimos una tortura que ningún otro ser ha sufrido. Quiero decirle al mundo que tienen una deuda ¿por qué no han venido en nuestro rescate?».

Valentine y su hermana soportaron el calvario por días, agobiadas en medio del terror pensaron en cómo lograr que sus narices fueran más grandes, para exterminar la principal característica Tusti: la nariz pequeña. También pensaron en el suicidio y fueron a tirarse al río, pero al llegar las
impresionó la cantidad de cadáveres que fluían en el agua.

Filomena, la mujer que no quiere su hijo, producto del horror del infierno
terrenal, admite que nadie sabe que ella tiene Sida y que con los
hombres sólo llega hasta la etapa previa al sexo. Allí se retira.

Con la misma mirada que tienen el resto de sus pares violadas, se pregunta. «¿Por qué mueren las personas? ¿Por qué mi familia
tuvo que morir? ¿Por qué soy VIH positivo?» Tuve un Dios.
¿Dónde estaba él? ¿Por qué dejó que esto suceda?».

Este impresionante trabajo fue realizado por Jonathan Torgovnik para Media Storm, yo sólo hice una traducción y redacción narrativa de la historia. En el epílogo, Jonathan cuenta: «Ella sabe que yo sé. Ella Sabe por qué estoy allí. Ella quiere contar su historia. Después de dos o tres
entrevistas era difícil seguir, uno no puede prepararse para algo así.
A grandes retos, grandes desafíos. Esa difícil para nosotros comprender
a una madre que dice «yo no amo a mi hijo». Cuando yo le pregunté cómo
podían decirme que no amaban a su hijo, una puso la mano sobre mí y me
dijo que «yo ya sé lo que usted me está preguntando, entiendo muy bien.
Sé que es horrible decir eso, pero es lo que siento ahora. Tal vez
algún día cambie, pero usted escucha algo así y ya está, ¿cómo puede
comprender? No, no puede, no puede». Al mismo tiempo, luego de
entrevistar a 30 mujeres, 30 familias, yo creo que todas ellas aman a
sus hijos, pero les es difícil comprender las circunstancias, a causa
de la brutalidad. Varias de ellas dijeron también que aman a sus hijos
y que son sus esperanzas. Es muy complejo, admiro sus fuerzas. No sé
cómo hacen para continuar. La violación fue un arma muy utilizada
durante el genocidio de Ruanda. La herida está abierta y fresca.

Una de las últimas preguntas que les hice siempre a estas mujeres fue cómo
veían su futuro. Ellas me miraban con ironía y decían: «Usted me
pregunta sobre mi futuro… no sé que pasará conmigo mañana.» Les
repregunté cómo verían su futuro si tuvieran recursos, ayuda.

«La educación, educación para nuestros hijos. Si podemos
lograr que mantener a nuestros hijos en el sistema escolar, sabemos que serán capaces de desarrollar las habilidades para mantenerse a sí mismos, porque no sabemossi vamos a vivir por mucho tiempo». Jonathan no se conformó con sus fotografías, creó la Fundación Ruanda.

«Muchas de las milicias que violaron en Ruanda huyeron al Congo y hoy están violando en el Congo. Esto va más allá de mi comprensión, cómo el mundo permite que esto ocurra».

La Fundación Ruanda se creó para:

1) la financiación de su educación secundaria,

2) vinculación de sus madres a los psicólogos y los servicios de apoyo
médico

3) aumentar la sensibilización acerca de las consecuencias del genocidio y la
violencia sexual a través de la fotografía y los nuevos medios de comunicación.

Contribuir a la curación y la esperanza para las madres de los niños. Para obtener
más información visite: http://www.foundationrwanda.org

Las fotos de este post pertenecen a Jonathan Torgovnik. En Youtube está disponible la introducción del video, lamentablemente (qué error de los medios esto) no está disponible el código para insertarlo en los blogs.  Pero si has leído este post no puedes perderte el video del trabajo original completo. Es muy bueno y duro al mismo tiempo.

Se puede saber más sobre el Genocidio de Ruanda en la Wikipedia.