El fotógrafo que descubrió los habitantes del Sahara verde

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Mike Hettwer estaba exhausto al igual que el resto. Junto a un pequeño sub grupo de exploradores, empezó a subir unas dunas. Al llegar a la cima contempló lo que había del otro lado. La arena de uno de los lugares más calientes del planeta estaba confesando gran parte de su historia. Con la boca abierta, Mike primero hizo lo que mejor sabe: tomó fotografías. Y corrió, veloz, hacia el resto del grupo para pronunciar las palabras que luego se repetirían en 2.500 revistas y publicaciones: «He encontrado algunos huesos, pero no son  dinosaurios, son humanos «.


Casi sin proponérselo, este fotógrafo especializado en expediciones arqueológicas, se convirtió en el descubridor de dos poblaciones distintas que hace 9.000 años habitaron el Sahara, cuando este desierto era algo muy distinto a lo que es hoy.  Se trata de la etapa conocida como el Neolítico Subpluvial, que duró varios miles de años y que por entonces creó el Sahara verde, hogar de pastizales, animales de bosques y seres humanos.

En la última década Hettwer ha visitado más de 60 países en varias expediciones. Sus trabajos de documentación fotográfica han salido en miles de sitios, incluyendo el The New York Times, The Washington Post, National Geographic, The Chicago Tribune, la revista Discover y la revista Science.

Su asombroso descubrimiento fue el 13 de octubre del año 2.000, siendo miembro de un equipo liderado por el paleontólogo Paul Sereno, de la Universidad de Chicago. Estaban en las ardientes arenas del desierto de Teneré, al norte de Níger.

Esta zona es de las más inexploradas del planeta, por su clima natural y, también, por su clima político. Es que los conflictos de los Tuareg, los nómadas que habitan hace mucho tiempo esta zona con el gobierno, lo han convertido en un lugar peligroso. Por eso el equipo de investigadores tuvo que pedir permiso a ambos bandos antes de adentrarse en los interminables kilómetros de arena.

Sereno y su equipo son nada menos que los descubridores del Nigersaurus y del Sarcosuchus, el impresionante cocodrilo que vivó hace unos 110 millones de años en esta región del Sahara.

Cuando el fotógrafo hizo el anuncio todo el equipo completo se reunió en esas ladera. En pocos minutos ya habían visto decenas de esqueletos humanos, algunos en posición fetal, con utensillos junto a ellos. No había dudas, el desierto estaba «vomitando» su historia. Y Hettwer, junto al resto, eran los primeros privilegiados oyentes y testigos de lo que comenzaba a decir. «Era como si los vientos del desierto los estuvieran tirando de su descanso final» conto el fotógrafo luego.

Entre los huesos humanos (casi completos, con dentaduras, dedos y todo) había vasijas de barro, herramientas de piedra trabajadas, hachas, puntas de flechas. Junto a todo esto hallaron cientos de huesos de animales, animales que no pertenecían al desierto, al menos, al actual. Antílopes, jirafas, cocodrilos, tortugas y hasta peces y almejas.

Esta increíble variedad de vida podría explicarse por el cambio del Sahara hace unos 12.000 años, cuando una pequeña rotación en el eje de la Tierra combinada con otros factores, hizo que un área tan extensa como todo Estados Unidos, se llenara de agua y lluvias, lo que trajo consigo una variedad de vida muy rica, que incluyó a los seres humanos.

Respecto a las culturas encontradas y sus costumbres, algunas cosas se saben y muchas permanecen en el misterio. En sus grabados de piedra se pueden ver represtanciones de rebaños de avestruces, jirafas y elefantes. Se cree que aprendieron a domesticar el ganado. Pero casi nada se sabe de dónde aparecieron. Si eran nómades o residentes en la zona es un misterio, si eran pacíficos cazadores o guerreros, tampoco. Lo que se precisó es la fecha de su muerte. Es que un nuevo cambio en el clima del Sahara, hace unos 3.500 años atrás, los eliminó. Hasta aquél día de octubre en que Mike Hettwer los vio y los rescató del pasado. Sereno, el famoso y prestigioso, paleontólogo, paso noches enteras intentando descubir más, e incluso volvió más tarde al lugar, pero excavar más profundo costaba más dinero.

Por ahora, contamos con el valioso aporte de todo este equipo y el excelente material fotográfico de Hettwer, que sin lugar a dudas puede denominarse como el hombre que descubrió el pasado del Sahara.

Nota: Todas las fotos pertenecen a Mike Hettwer. Yo las vi en este sitio.  Parte de esta historia y más información en 1, 2, 3.

El gaucho que recuperó las Islas Malvinas

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Su rostro no aparece en ninguna parte, su historia casi que tampoco. No hay calles que lo recuerden. Era un peón de apenas 25 años que criaba ovejas en medio de la inhóspita Malvinas. Pero un día, tras la ocupación de los británicos de ese territorio, el gaucho Rivero, encabezó una rebelión, recuperando las Islas. Esta «epopeya» del gaucho argentino duró poco más de 4 meses, cuando este levantamiento fue aniquilado por la Marina inglesa. Esta es la historia de un gaucho que desde el 26 de agosto de 1833 tuvo a las islas en su poder, más tiempo incluso que el propio ejército argentino en 1982.

La historia, que derivaría en el alzamiento de Rivero empieza, quizás, en la sucesión de hechos que jaqueaban a las islas por entonces. Piratas de distintos lugares, sobre todo yanquis, que las tomaban por asalto y gobernadores políticos tal vez abusivos y que se sudecían unos a otros. Así, la historia siguió hasta que las islas quedaron en manos de Julio Simón. Antonio Rivero, gaucho entrerriano, llega a las islas Malvinas en el año 1827. Se dice que trabajó de peón en Puerto Soledad atrapando ovejas y cerdos, a los que luego amansaba. La gran mayoría de los gauchos e indios insurgentes del 26 de agosto de 1833 eran peones, generalmente, mal pagos.

Con el tiempo el poder británico se comenzó a hacer sentir en las islas, hasta llegar al 3 de enero de 1.833, cuando finalmente ocupan las islas. Poco después, un grupo de tres gauchos (Antonio Rivero, Juan Brasido y José María Luna) y 5 indios (Manuel González, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar y M. Latorre, éste de ciudadanía chilena) acopian armas y puñales y en agosto del mismo año hacen frente a la usurpación. Logran quitarles la vida a cinco personas, entre ellas Juan Simón y el irlandés Guillermo Dickson. Este último fue el encargado, por orden expresa del comandante John Onslow, de izar y arriar el pabellón británico cada vez que pasara una embarcación y todos los días domingos.

Desde ese día, hasta el 8 de enero de 1934, las islas volvieron a estar en manos argentinas, aunque hay quienes sostienen que las intenciones de Rivero no eran nacionalistas sino más bien ligadas a la delincuencia. Debe tenerse en cuenta que todo lo sucedido después del levantamiento gaucho fue escrito por los ingleses, quienes consideran la rebelión de Rivero como el «amotinamiento de unos delincuentes» tratados peyorativamente de «gauchos» e «indios salvajes», en esas documentaciones apenas sí se traslucen las causas de los hechos.

La rebelión gaucha terminó en enero de 1934, cuando en el «Challenger» arribaron a las islas enviados por la Corona británica, 35 soldados encabzados por el teniente Henry Smith. Los indios que acompañaron al gaucho en la recuperación del territorio se entregaron el 11 de enero. No fue hasta el 18 de marzoque Rivero pudo ser capturado y llevado prisionero a Londres, donde se pidió la pena de muerte para ellos, sin embargo el tribunal inglés que les juzgó los absolvió al reconocer que sus acciones bélicas habían sucedido fuera de los dominios de la corona (sic).

Aunque no está confirmado, se dice que el Gaucho Rivero murió más tarde combatiendo para Argentina contra los ingleses en la batalla de la Vuelta de Obligado.  Así concluyó esta no muy conocida historia, siempre envuelta en polémica.

Fuentes: la historia, que desconocía y no recuerodo haber leído en manuales de historia, la escuché en boca de un historiador en una radio. Para escribir este texto me basé en datos de acá, acá y acá.

La foto es de carácter ilustrativo y pertence a MzaBlog.

El mayor invento de Arthur Conan Doyle (y no es Sherlock Holmes)

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En 1949, el Dr. Kenneth Oakley, del Museo Británico, sintió curiosidad por determinar la antigüedad del cráneo de Piltdown (Resumen: La historia de este engaño comenzó y se basó en unos restos óseos descubiertos en Inglaterra en 1912, en Piltdown. Se dijo que muy probablemente correspondieran al eslabón perdido). Descubrió que no tenía más de 50.000 años. Muchos científicos comenzaron a sospechar. Algo no andaba bien. Tres años pasaron hasta que el Dr. J.S. Weimer, antropólogo de la universidad de Oxford, declaró lo siguiente: cráneo y quijada, pertenecían a seres distintos, un hombre y un orangután, respectivamente. Añadió que los dientes habían sido limados y envejecidos artificialmente, por medio de bicromato de potasio. Las primeras hipótesis fueron que alguien debió engañar al arqueólogo aficinado Charles Dawson, quien halló los restos. Dos investigadores contemporáneos coincidieorn en hacer responsable de la falsificación a Arthur Conan Doyle, quien estuvo también en las excavaciones. Además de creador del personaje de Sherlock Holmes, autor de novelas fantásticas, espiritista convencido y médico inventor de las técnicas policíacas modernas (junto a Edgar Allan Poe), fue gran a ficionado a la paleontología. Uno de los cinetíficos que culparon a Doyle fue Hathaway Winslowe, estadounidense que en 1983 redactó una tesis que se publicó en el número 83 (setiembre) de la revista Science en la que afirmó: en su novela El Mundo perdido, Conan Doyle había afirmado que no es difícil falsificar un hueso si se sabe cómo hacerlo. Desde que Darwin escribió en 1859 Origen de las especies, sabios de todo el mundo comenzaron a buscar lo que se llamó el eslabon perdido, es decir, el estado intermedio entre el simio y el hombre. La fiebre por hallarlo se cortó en 1912 en Piltdown. El otro científico que culpó a Doyle fue Alfred Meyer, que al igual que Winslowe, declaró que la pieza fue fabricada con huesos procedentes de Ichkeul, localidad cercana a Túnez. Otro dato aislado para esta teoría es que en 1931, un tal David Charles Waterton, amigo de Conan Doyle, y profesor de anatomía en el King´s College de Londres, declaro que la quijada debió pertenecer a un simio cualquiera. Bueno es aclarar que era conocido aficionado a gastar bromas (en una ocasión cazó un mono y le modificó el cráneo para darle apariencia humana) y que conocía el lugar donde excavaría Dawson. 

Si fue el gran Conan Doyle quien ideó la falsificación del cráneo de Piltdown, lo hizo a la perfección, ya que sobrevivió 22 años a su muerte, acaecida en 1930. Se ha dicho que no lo hizo por maldad, sino para burlarse de la ingenuidad de los sabios de la época. De haber existido en la época las técnicas del radiocarbono o de la termoluminiscencia, no le hubiera resultado tan sencillo gastar aquella broma.

Caricatura del escritor.

 

Fuente: Enciclopedia «Grandes Enigmas», el fascinante mundo de lo oculto, de Tomás Doreste, editorial Océano.

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