Cuba y el celular

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Mientras en Argentina en 2011 se vendieron 13.5 millones de celulares en el mercado, en Cub, donde en el 2008 Raúl Castro autorizó el uso de estos aparatos, 1.200.000 personas han contratado el servicio de Cubacel.

Como dice Yoani Sánchez, «si en marzo de 2008 Raúl Castro hubiera imaginado el papel que jugaría la telefonía móvil en la incipiente sociedad civil cubana, probablemente nunca hubiera liberado su uso. Antes de esa fecha, los cubanos debían buscar a un extranjero que formalizara el contrato de celular y después les permitiera usar el servicio. La deseada tarjeta SIM sólo podía ser adquirida por los mismos que disfrutaban de las habitaciones de los hoteles y los autos rentados, en fin, por gente que no había nacido en esta Isla. Afortunadamente, ese apartheid  ya terminó hace casi cuatro años y hasta la fecha más de un 1,2 millones de usuarios han contratado los servicios prepago de Cubacel. Tal cifra no debería siquiera alegrarnos, pues todavía estamos muy por detrás de el resto de las naciones latinoamericanas. No obstante las limitaciones que trae su alto costo, la baja cobertura en muchas zonas del país y la suspensión temporal del servicio a usuarios incómodos, la telefonía celular ha terminado por cambiarnos la vida».

De piratas y tiburones, por Hernán Casciari

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* El contador de suscripciones anuales a la nueva revista Orsai acaba de llegar a mil. En nueve días, y sin noticias sobre los contenidos o la cantidad de páginas, mil lectores ya compraron las seis revistas del año próximo. Y eso que todos saben que habrá una versión en pdf, gratuita, el mismo día que cada revista llegue a sus casas. Repito: acabamos de vender seis mil revistas. Seiscientas sesenta y cinco por día. Veintiocho por hora.

Al mismo tiempo, una escritora española acaba de informar que dejará de publicar. “Dado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros”, dijo ayer Lucía Etxebarría. La prensa tradicional se hizo eco de sus palabras y la industria editorial la arropó: “Pobrecita, miren lo que Internet les está haciendo a los autores”.

A nosotros nos ocurre lo mismo. Durante 2011 editamos cuatro revistas Orsai. Vendimos una media de siete mil ejemplares de cada una, y con ese dinero les pagamos (extremadamente bien) a todos los autores. Los pdf gratuitos de esas cuatro ediciones alcanzaron las seiscientas mil descargas o visualizaciones en Internet.

Vendimos siete mil, se descargaron seiscientas mil.

Si los casos de Lucía Etxebarría y de Orsai son idénticos, y ocurren en el mismo mercado cultural, ¿por qué a nosotros nos causan alegría esos números y a ella le provocan desazón?

La respuesta, quizá, es que se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo.

Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: “qué bueno, cuánta gente me lee”. Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: “qué espanto, cuánta gente no me compra”.

El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.

El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.

Dicho de otro modo: no es responsabilidad de los lectores que no pagan que Lucía sea pobre, sino del modo en que sus editores reparten las ganancias de los lectores que sí pagan. Mundo viejo, mundo nuevo. Hace un par de semanas viví un caso muy clarito de lo que ocurre cuando estos dos mundos se cruzan. Se lo voy a contar a Lucía, y a ustedes, porque es divertido:

me llama por teléfono una editora de Alfaguara (Grupo Santillana, Madrid); me dice que están preparando una Antología de la Crónica Latinoamericana Actual. Y que quieren un cuento mío que aparece en mi último libro, “un cuento que se llama tal y tal, que nos gusta mucho”.

Le digo que por supuesto, que agarre el cuento que quiera. Me dice que me enviará un mail para solicitar la autorización formal. Le digo que bueno.

A la semana me llega el mail, con un archivo adjunto:

“Estimado Hernán, te explico lo que te adelanté por teléfono: Alfaguara editará próximamente una antología de bla bla bla cuya selección y prólogo está a cargo de Fulanito de Tal. El ha querido incluir tu cuento Equis. Si estás de acuerdo con el contrato que te adjunto, envíame dos copias en papel con todas las páginas firmadas a la siguiente dirección” (y pone la dirección de Prisa Ediciones, Alfaguara).

Abro el archivo adjunto, leo el contrato. Me fascina la lectura de contratos del mundo viejo. No se molestan en lo más mínimo en disfrazar sus corbatas.

Al cuento que me piden lo llaman “La aportación”. En la cláusula 4 dice que “el editor podrá efectuar cuantas ediciones estime convenientes hasta un máximo de cien mil (100.000)”. En la cláusula 5, ponen: “Como remuneración por la cesión de derechos de ‘La aportación’, el editor abonará al autor cien euros (¿100?) brutos, sobre la que se girarán los impuestos y se practicarán las retenciones que correspondan”.

Pensé en los otros autores que componen la antología, los que seguramente sí firman contratos así. Cien euros menos impuestos y retenciones son sesenta y tres euros, y a eso hay que quitarle el quince por ciento que se lleva el agente o representante (todos tienen uno), o sea que al autor le quedan cincuenta y tres euros limpios. No importa que la editorial venda dos mil libros o cien mil libros. El autor siempre se llevará cincuenta y tres euros. ¿Firmará Lucía Etxebarría contratos así?

Esa misma tarde le respondí el mail a la editora de Alfaguara:

“Hola Laura, el cuento que querés aparece en mi último libro, que se distribuye bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported, que es la más generosa. Es decir, podés compartir, copiar, distribuir, ejecutar, hacer obras derivadas e incluso usos comerciales de cualquiera de los cuentos, siempre que digas quién es el autor. Te regalo el texto para que hagas con él lo que quieras, y que sirva este mail como comprobante. Pero no puedo firmar esa porquería legal espantosa. Un beso.”

La respuesta llegó unos días después; ya no era ella la que me hablaba, sino otra persona:

“Hernán: entendemos esto, pero el departamento legal necesita que firmes el contrato para que no tengamos problemas en el futuro. ¡Saludos!”

Y ya no respondí más nada. ¿Para qué seguir la cadena de mails?

La anécdota es esa, no es gran cosa. Pero quiero decir, al narrarla, que no hay que luchar contra el mundo viejo, ni siquiera hay que debatir con él. Hay que dejarlo morir en paz, sin molestarlo. No tenemos que ver al mundo viejo como aquel padre castrador que fue en sus buenos tiempos, sino como un abuelito con Alzheimer.

–¿Me das eso? –dice el abuelito.

–Sí, abuelo, tomá.

–No, así no. Firmame este papel donde decís que me das eso y yo a cambio te escupo.

–No hace falta, abuelo, te lo doy. Es gratis.

–¡Necesito que me firmes este papel, no lo puedo aceptar gratis!

–¿Pero por qué, abuelo?

–Porque si no te cago de alguna manera, no soy feliz.

–Bueno, abuelo, otro día hablamos… Te quiero mucho.

Y de verdad lo queremos mucho al abuelo. Hace veinte, treinta años, ese hombre que ahora está gagá, nos enseñó a leer, puso libros hermosos en nuestras manos.

No hay que debatir con él, porque gastaríamos energía en el lugar incorrecto. Hay que usar esa energía para hacer libros y revistas de otra manera; hay que volver a apasionarse con leer y escribir; hay que defender a muerte la cultura para que no esté en manos de abuelos gagá. Pero no hay que perder el tiempo luchando contra el abuelo. Tenemos que hablar únicamente con nuestros lectores.

Lucía: tenés un montón de lectores. Sos una escritora con suerte. El demonio no son tus lectores; ni los que compran tus novelas ni los que se descargan tus historias de la red.

No hay demonios, en realidad. Lo que hay son dos mundos. Dos maneras diferentes de hacer las cosas.

Está en vos, en nosotros, en cada autor, seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo.

 

* Hernán Casciari en Página 12 (31/12/2011)

Corresponsales del infierno: la mutación del periodismo ante la violencia narco

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En México, sólo en el 2010 murieron 12 periodistas víctimas de la guerra narco, bajo cuyas leyes o te callas con mi dinero o te callas con mis balas. En un estado de violencia sin fin, generalizada y con una desprotección severa, el oficio de informar en medio de una guerra cruenta distinta a cualquier otra, se tiene que reinventar a sí mismo para subsistir, y nunca mejor usado el término, ya que se trata de salvar sus vidas.

En ese contexto varios cambios se han ido viendo en los últimos tiempos en el periodismo focalizado en la guerra narco.

Michael O’Connor ha pasado los dos últimos años registrando cómo estos desarrollos han engendrado ataques contra los periodistas y silenciado la prensa, especialmente en el norte de México. O’Connor es un investigador del Comité para la Protección de los Periodistas, con sede en Nueva York. Su grupo informó que un periodista había sido asesinado en su trabajo entre enero y septiembre del 2010, aunque los motivos del asesinato de otros siete todavía no habían sido establecidos.
Figuras del crimen organizado “tienen control efectivo sobre grandes partes del territorio”, dijo O’Connor. “Una de las primeras cosas que hacen cuando se mueven a un territorio es controlar la prensa local. Puede no ser la primera cosa que hagan, pero está en su lista de lo que hay que hacer”.
“Cuando entran a una ciudad, cambian la estructura del poder local: el alcalde, la policía, el comandante local del ejército. No desean que la prensa informe sobre eso. Esa es una gran historia. Cuando su alcalde está siendo corrompido por alguien, esa es una gran historia”, agrega O’Connor.
Como resultado, dijo O’Connor, “algunos reporteros reciben pagos”. Los traficantes de droga “amenazan a aquellos que no los reciben. Si nada más funciona, los matan”.
Quizás ninguna otra ciudad en México ha sufrido tanto como Ciudad Juárez, al otro lado de la frontera de El Paso. (Del libro Cobertura del narcotráfico y el crimen organizado en Latinoamérica y el caribe)

“Uno de los grandes problemas es
que los medios se convierten en una especie de portador de la narrativa oficial. Cubrimos la guerra contra las drogas, y no cubrimos el rico debate académico y público sobre las drogas y sobre la políticas relacionadas con las drogas. Los medios deberían tener una narrativa más independiente. Eso no significa no utilizar las fuentes oficiales. Son importantes. Pero deberíamos desarrollar otras fuentes, y no limitar la historia de los medios a las versiones oficiales de la así llamada “guerra contra las drogas” o “guerra contra los narcos” en México, que consiste principalmente un asesinato tras otro, captura de capos e incautaciones de toneladas de drogas o millones de dólares”, dijo Álvaro Sierra, un colombiano que enseña en la Universidad de la Paz en Costa Rica.

En tamaño contexto, la prensa se está adaptando para sobrevivir. La Asociación Interamericana de Prensa (SIP) está realizando talleres para periodistas en América Latina donde les enseña cómo trabajar con más seguridad en áreas de conflicto. La fuente más leída de hoy en día sobre el asunto narco es un blog. Se trata de un sitio (blog narco) que publica información sobre los narcotraficantes,  fotos de sus familias, informa de sus planes y muestra videos estremecedores de ejecuciones. Es elogiado por servir de fuente de información sin censura y gratuita y criticado por no tener filtro, por recibir información de cualquier lado, anónima y sin chequear. La identidad del editor es desconocida, es que tal vez ese sea su «Estado protector».

Más allá de todo, Blogdelnarco tiene más lectores que ‘Reforma’ y ‘El Norte’ en Monterrey y el principal periódico en Torreón.

Otras herramientas online están llegando a estar cada vez más disponibles para los reporteros. Una de las más s es Cosecha Roja, patrocinada por Open Society Foundations y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. http://cosecharoja.fnpi.org/
Publicado en español, el nuevo sitio web está orientado a suministrar un lugar ‘todo en uno’ que agrega noticias sobre la violencia en América Latina y da a los periodistas la oportunidad de intercambiar información, publicar artículos y debatir ideas. El sitio es del argentino Cristian Alarcón, quien dice «estamos buscando nuevas formas de cubrir la violencia».

Un segundo sitio es Investigative Dashboard, que suministra “herramientas para reporteros internacionales que siguen el dinero”. Es la invención de Paul Radu, un periodista rumano que perfeccionó su proyecto como becario Knight en la Universidad de Stanford.

Steve Dudley, quien previamente trabajó en Colombia para el Miami Herald, ha creado otro sitio que presentará información detallada en inglés y español. Llamado InSight, tiene un pequeño equipo de investigadores que monitorearán, analizarán e investigarán el fenómeno del crimen organizado a través de América Latina. Las organizaciones financiadoras son: The Open Society Institute, la fundación Ideas para la Paz (con sede en Bogotá) y la American University en Washington, D.C. http://www.InSightCrime.org

En  ciudad donde el 97 por ciento de los crímenes quedan impunes, el cuarto poder se muda a «edificios» sin sitio, o blogs sin dueños. En agosto de 2010 1.000 periodistas marcharon en México bajo el lema «Ni uno más».

Fuente del texto: Libro Cobertura del narcotráfico y el crimen organizado en Latinoamérica y el caribe
Fuente de la viñeta: JRMora

Los abuelos que no quieren morir obsoletos

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Tienen entre 60 y 80 años, cuando ya tenían la vida hecha y todo aprendido una revolución los dejó perplejos, casi obsoletos: la revolución de la computadora e internet. Ahora, han vuelto a la escuela para aprender lo que los chicos de hoy casi nacen sabiendo: usar internet, el chat, en fin, todo sobre informática. Sus profesores son muy especiales, nada más y nada menos que alumnos de la secundaria que prestan su tiempo y conocimiento para que estos abuelos no se vayan de este mundo sin saber de qué se trata. Niños que enseñan, abuelos que aprenden.

“Mi hija se enteró del curso y me dijo mami andá a inscribirte, y acá estoy, por ahora medio mareada, pero voy a aprender; ella tiene compu pero yo no se la voy a tocar hasta que no aprenda”.

Así, emocionada y con la misma expectativa con la que un chico abre un regalo, Rosa Capuj (76) estaba sentada frente a la computadora en el curso que alumnos de la escuela Ana Guyot de Calzada están desarrollando para enseñarles sobre computación a unos 60 entusiastas abuelos.

Ahora este grupo de abuelos a los que la tecnología los sorprendió con la vida hecha, se ponen  el desafío de aprender de la mano de adolescentes que prestan su tiempo y conocimientos para ello.

“Decidimos continuar un proyecto que surgió de una facultad, desde la escuela el director nos asesoró y desde el centro de estudiantes lo conformamos con tutores para cada persona, para que sea más personalizado. La cantidad de alumnos son bastantes y están muy interesados”, dijo Edgardo Orellano (17) del centro de estudiantes de la escuela.

“Es algo básico lo que le hemos enseñado por ahora, la periferia de la computadora en la primer clase, ahora Internet y luego el chat”, comentó Edgardo uno de los encargados del curso.

El milagro de aprender

A Rosa, que ayer tuvo su segunda clase, le ha gustado mucho el curso. Como muchos otros, lo toma porque “tengo familiares en Mendoza, Córdoba, Paraná, esa es mi intención, es una maravilla; el fin principal es el entretenimiento, ejercitar la mente”.

Junto a ella, Elva Domínguez (72) se dispone a viajar por el mundo desde su Pc. “Yo quiero conocer distintos lugares del mundo y escuchar música”.

Luego dijo que le da apuro preguntarles a los nietos cómo se maneja la computadora y que con el celular también le pasaba de no entenderlo “pero ahora ya lo manejo. Me parece que esto me va costar, quisiera aprender de un momento para otro pero no es así”.

Terminada la clase, a Rafael Romero (65) se le notaba el entusiasmo, tanto, que quería seguir aprendiendo en su casa. “He aprendido a prenderla y el tema del inicio”, dijo sonriendo al preguntarle sobre lo que ya aprendió.

“Hoy vimos Internet, esperemos que me acuerde el viernes que viene (risas). Es muy lindo Internet, mi objetivo es saber usarla, más que todo para chatear con mis hijos que están en Mendoza; en mi casa tengo una compu pero no la sé usar, pero ya le voy a agarrar el gustito”.

La necesidad de aprender

Maximiliano D’Angelo, uno de los tutores de los abuelos en este particular curso, señaló que “buscábamos una relación entre los adultos mayores y los adolescentes, que siempre ha quedado como que los adolescentes son lo peor y los abuelos ya están como desplazados, como que cumplieron su rol; ellos siguen teniendo la necesidad de ir aprendiendo aunque les cueste un poco más, alguien tiene que ponerse y explicarle”.

Así, con los consejos informáticos de estos jóvenes, los cuatro grupos de 60 abuelos, van aprendiendo sobre una herramienta que nació cuando ellos ya tenían todo aprendido.

Daniel Giménez, director de la escuela, dijo que la idea nació porque “trabajamos con la Asociación de Jubilados, ellos son quienes han organizado los grupos y nosotros brindamos el espacio y la inquietud de los chicos, que de alguna manera son los docentes”.

La idea ha prendido tanto que el año que viene piensan en expandirla. Es que los alumnos tienen muchos deseos de aprender.

“Al principio tienen muchos nervios, siempre lo primero que dicen es ‘qué hago’, pero después le empiezan a agarrar la mano fácil; en Internet a lo primero suelen entrar en las páginas de la Anses, la Afip, en los diarios, depende de la persona”, contó Edgardo.

Maximiliano agregó que “tenemos el caso particular de un enfermero que ya cumplió con su rol y dijo que viene a aprender a usar internet porque quiere seguir investigando las enfermedades. Esto les facilita herramientas que antes no tenían”.

Una de las utilidades más comunes que encuentran, es la comunicación vía chat con parientes y amigos lejanos.

“Por lo general todos tiene parientes lejanos, y necesitan del chateo para comunicarse. Hasta ahora siempre necesitan de la mano de otro para poder hacerlo, ahora están entusiasmaos; el año que viene queremos profundizar los conocimientos”, expresó Edgardo.

nota: aclaro (pensé que no hacia falta pero siempre hay una mente retorcida) que el título hace referencia solamente a la parte tecnológica, a la relación de la gente mayor con la tecnología.

Internet, mi vieja y yo

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Mi mamá tiene 63 años. Nació en Almería, España. Cuando apenas tenía unos 5 años viajó en tercera en un largo y ya remoto viaje cruzando el océano Atlántico. Su familia escapaba del horror de la dictadura franquista, según sé, era eso o la muerte. Por cuestiones económicas y de tiempo, ella jamás pudo volver a la tierra en que nació, donde sus padres, abuelos y el más allá de su árbol genealógico nacieron y vivieron.

De profesión docente, ella está justo en la generación de personas a las que el fenómeno de la computación y de internet los sorprendió de grandes, ya con una vida hecha. Su mayor acercamiento con estas tecnologías fue un curso básico que en la escuela le dieron hace años sobre cómo usar una computadora. Sin embargo, o el curso no fue muy bueno o mi mamá no aprendió mucho, pues creo que con suerte, ella es capaz de prender la PC, dudo de si luego podrá apagarla.

No lo digo por ser duro o irónico, sino para que comprendan el grado de desconocimineto que tiene sobre esta herramienta, ni hablar si se trata de navegar en la red. Después de un par de menciones al pasar de ella diciendo «¡cómo me gustaría aprender a usar eso!», un día de hace poco tiempo se me ocurrió cumplirle su sueño en forma virtual.

Sentada junto a mí, ingresamos juntos al Google Earth y nos dispusimos a intentar volver a su infancia, a su tierra. No sé bien por qué, al mismo tiempo que yo iba ejecutando los comandos del programa, fui siguiendo de reojo sus miradas, sus reacciones.

Desde la casi indiferencia inicial al ver abrirse el gran globo terráqueo del Earth con una bienvenida borrosa en su visualización, hasta la gradual alegría y sorpresa al ir reconociendo detalles y sitios de su ciudad.

Mediante el buscador, con el dato que su mente jamás olvidó pese a los miles de kilómetros y millones de minutos que pasaron, emprendimos juntos el viaje. Calle Encantada allá vamos, me dije. Rogaba poder encontrar algo contundente en el Earth para satiasfacer la curisidad, a esta altura, ya pueril de mi vieja. Digo pueril por la alegría que reflejaba su cara, idéntica a la que regala un niño al abrir un regalo.

Elegí comenzar haciendo una navegación casual de Almería, visitando lugares grabados y abriendo los enlaces para ver las fotos. Fue así como mi mamá fue recordando cosas, seguramente realizando un inextricable viaje en su cerebro.

Después de un rato del tour, escribí la dirección donde nació y el programa comenzó a mostrarnos lentamente los resultados. Lamentablemente no nos llevó directo a esa misteriosa casa, que ella, y yo también, tanto deseaba ver. Sin embargo, nos posicionó en la calle, por lo que fue cuestión, nada sencilla, de ubicarse en la altura y empezar a desandar el camino.

Las casas bajas y calles angostas nos recibieron con agrado. Mi vieja estaba volviendo a su pueblo, sé que lo estaba haciendo. Sus recuerdos sobre él no son más que el nombre de una calle, la dirección (que resultó ser inexacta a cómo la recordaba) y algunos lugares puntuales que había cerca de su casa como referencia.

Envueltos en un silencio llegamos a la calle Encantada, a la dirección donde nació y vivió su primera infancia. En este momento Almería no me importa más, no puedo dejar de mirarla, balbucea algunas palabras, intenta reconocer esa casa que se erige en la esquina, probablemente su cabeza le esté trayendo nuevas olas de recuerdos. Su casa, sus padres, el barco, el mar, esa extraña tierra que la recibió, sus cinco hijos que nacieron acá…

calle encantada

Después de este hallazgo, que pienso completar con un regalo especial para su cumpleaños con la complicidad de un amigo que hace unos años, causalmente, se fue a vivir a Almería, ella contó su viaje a todos. Ahora cada vez que me ve en la computadora se interesa en qué estoy haciendo. Tengo una deuda, enseñarle a usar este aparatito milagroso, aparatito que la llevó de ida y vuelta a su casa en un viaje de 63 años que duró un par de horas; un verdadero viaje en el tiempo.

A ella hace 58 años la trajeron navegando a Argentina, me reconforta que, virtualmente, yo haya podido llevarla «navegando» de vuelta hacia su tierra. Creo que, de un modo quizás extraño y privativo de otros sentidos, le cumplí su sueño. Sólo yo tengo presente sus caras y gestos al ingresar en el Google Maps y Street Views a calles y lugares que su mente, pese al tiempo transcurrido, se han resistido a olvidar. Pienso que es muy difícil que ella pueda poner sus pies en Almería nuevamente, me alegra y emociona saber que algún día, cuando ella para mí sea un recuerdo como lo fue Almería para ella toda su vida, pensaré en esto y una sonrisa se dibujará en mi rostro, recordando el día en que mi teclado fue el asiento del avión que tanto le hubiera gustado abordar.

Por qué los periodistas deben especializarse en internet

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Soy periodista y trabajo en la rama de los medios con más posibilidades de caerse del árbol: un diario. Por mi juventud y mi curiosidad personal y profesional, hace ocho años tuve mi primer acercamiento con internet. Con los blogs y demás herramientas de la red, un poco menos de tiempo (2005 creo). Hoy veo con preocupación el futuro de mi profesión favorita y percibo, que gran parte de los medios, no terminan de entender a internet. ¿Por qué sos tan complicado y cambiante Señor Internet?.

El tema en el que me estoy introduciendo es profundo y multi causal, pero quiero hablar de un error en particular. Los medios dejan los temas de internet y tecnología en manos de lo que yo llamo «periodistas plumero», que son esos que además de trabajar, mientras caminan van barriendo el piso.  Noten que suavicé ese chiste que dice que «sólo falta que me ponga el plumero en el culo así mientras camino también limpio». Qué quiero decir… me explico. La organización obsoleta y a veces de tintes explotadora de muchos medios en el mundo (ni hablar de Argentina) hace que al mismo empleado que se le pide que cubra un accidente de autos, la entrevista a un político, la crónica de un recital de Luis Miguel, una manifestación en la calle, etc, también se le pida que escriba sobre el juicio a los dueños de The Pirate Bay. Imaginen la profundidad que tendrá ese artículo. Acá puede entrar a tallar a quién va dirigido el contenido, a qué tipo de público.  En un post titulado La muerte cibercopuanunciada, referido al suplemento Next de Clarín, este blog dice, entre otras cosas, lo siguiente:

«Ese suplemento que mantuvo el tono paternalista y de psicopedagogo con sus lectores, cuidándolos como si fuesen personas con problemitas psiquiátricos que debían ser tratados con sumo cuidado o iban a entrar en pánico. Así leíamos de «ciberbichos», «compujuegos» y cosas semejantes, un trato de idiota al lector que ningún otro suplemento del diario Clarín tenía.»

Concuerdo en esta parte del análisis. No se puede manejar un suplemento especializado con contenido dirigido a novatos. Las notas para novatos deben ir, en todo caso, en el cuerpo central del diario.

Ricardo Galli, creador de Menéame y doctor en informática lo explica mejor, aunque con frases algo duras hacia nosotros (a mi entender generalizar no es bueno). Extraigo una parte de ese post.

« Ayer me hicieron una entrevista para un suplemento de un periódico local. Iba sobre Internet y redes sociales. La periodista que me hacía buscaba sólo el lado amarillista, era tan exagerado que en un momento le pregunto “¿Tú no eres gran conocedora de Internet, no?”. La respuesta fue:

Yo de Internet lo justo, sólo para el trabajo».

Como bien dice dice después del texto, la culpa no es de la chica (…). Pero…

¿De quién es la culpa?

Para entender qué planta hay que sembrar en determinado lugar, hay que conocer antes cuánta agua necesita esa planta y cuánta precipitación tiene de promedio ese lugar. Qué tipo de tierra es en la que la sembaremos, etc. Pues para saber cómo hacer bien las cosas en internet hay que conocer bien a los seres que la usan, al menos al promedio. Podemos convenir, o no, que a internet (me refiero a la parte informativa de la red) la utilizan personas con conocimientos sobre ella, o al menos, con fácil acceso a otras fuentes para contrarrestar lo que nosotros le estamos diciendo.

¿Qué estamos haciendo?

Qué han hecho los medios (y en definitiva nosotros los periodistas) ante el boom comunicacional de internet. Intentaré responderlo en orden: ignorarlo, estudiarlo, desdeñarlo, usarlo, usarlo mal, volver cliché sus temas. Con esto último me refiero a la estúpida costumbre de mal tratar herramientas de internet tomándolas como moda. Primero fue el boom de los blogs, después de fotolog y ahora la «farmacia de turno» parece ser Facebook. Ya no existen los blogs. ¿Y con los diarios en internet? Salvo excepeciones, no hemos hecho más que duplicar contenido, repetir lo del papel en el sitio web. Ofrecerle lo mismo a los lectores del papel que a los de internet es como ser dueños de una empresa de consoladores y repartirlos por igual entre viejas de 80 y chicas de 25. O más claro aún, es como si las empresas de video juegos estuvieran hoy ofreciendo los juegos de la década del ’80 a los jugadores de hoy. La industria medáticadebería estudiar con atención a la de los video juegos para saber cómo actualizarse.

No haré nombres, pero la otra vez me reía al leer que un medio se jactaba de ser el primero de su zona en internet. Me extrañé y leí todo el artículo… Para ellos, «estar en internet» había sido colgar exactamante (sin actualiaar durante el día) las noticias del impreso en un sitio web. Me consta que hay directivos de diarios que recién ahora se sorprenden por el poder de los comentarios de los usuarios en las notas de un diario en internet. Y encima lo encaran mal, juzgando a los que comentan desde el punto de vista periodístico cuando en realidad deberían verlo como lo que es: una herramienta extra para enriquecer lo que nosotros hacemos. Y mejor no entrar a hablar del costado legal del apartado comentarios, ya que hay muchos que parecen no haberse enterado de las sentencias condenatorias por comentarios de terceros.

Bueno… entonces ¿qué y como?

Personalmente no tengo dudas de que los nuevos periodistas tienen (nótese que no lo pongo como opción) sí o sí que manejar a la perfección las opciones multimedia de internet. El periodista adaptado debe saber usar lo multimedia, debe ser multimedia. Saber de blogs, de redes sociales, subir, buscar y editar videos, gestionar RSS, tener nociones básicas y si es posible avanzadas de fotografía. Un periodista debe saber hacer de todo, pero ojo, que eso no quiere decir que tenga que hacer todo. La respuesta es la especialización. Basta de periodistas hablando de redes sociales cuando lo que más cerca estuvieron de una fue al crearse su perfil en Facebook (si es que..) o al ver las fotos de Mariana de Mello en Facebook. Hay miles de ejemplos en el mundo del buen uso de etas redes en el periodismo del día a día. Recuerdo, para mencionar un ejemplo argentino, el caso de la enfermera argentina que fuera secuestrada en Somalia, Pilar Bauzá. El caso, en esos día concentró la atención de todos los medios, que se manejaban con una o dos fotos de la mujer (seguramente aportadas por la familia supongo). En eblog, rápidamente descubriero a Pilar en facebook ypudieron acceder a las fotos de ella trabajando en aquél país. Material periodístico fresco para un tema candente. Hay muchos más casos así, siempre recuerdo el de los periodistas yanquis que tuvieron acceso apartes nunc ainformadas de la guerra en Irák gracias a conocer los perfiles en redes sociales de algunos soldados, que allí hablaban de eso y subían fotos, suceso tras el cual el Ejército prohibió a los soldados actualizar blogs en medio de la guerra.

En definitiva, un medio online debe tener periodistas (multimedia) para las informaciones de hora a hora pero debe tener, también, periodistas especializados en diversos temas que se ocupen de ellos cuando esa noticia del ahora sea de su rama. ¿Es más caro un plantel de periodistas así? Con una visión corta que no llega a los pies sí, porque pagar y/o solventar capacitaciones tiene su costo, pero éste se paga con creces con el tiempo y, por sobre todo, se paga conuna elección que seguramente harán la mayoría de los usuarios de internet avezados: su diario.