La niña más rica del mundo

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Micaela tiene 11 años. Es de una familia pobre, muy pobre. El día que encontró en su escuela una billetera con mucha plata (para ella más de lo que vio en su vida) volvió a su casa temerosa de que su madre la retara por lo que acababa de hacer: devolver la billetera a su dueño. Esta es la historia (*) de una niña muy pobre en un sentido, pero muy rica en el que más importa.

Micaela tiene 11 años y en su casa viven una situación económica muy dura; por eso, el día que encontró en su escuela una billetera llena de plata y la devolvió, al regresar tenía temor de contarle a su madre lo que había hecho.
Su mamá hoy está orgullosa de ella y la acompañó ayer a recibir una distinción que le entregaron en el Concejo Deliberante por su buena acción.
Micaela Jimena Pagano concurre a la Escuela 1-395 Pedro de Mendoza. Vive en el paraje Los Claveles, del distrito Rama Caída. Hace unos días en el patio de la escuela se encontró tirada una billetera que aparentemente contenía más de $1.000.
Sin dudarlo fue corriendo y le contó del hallazgo a su maestra, quien junto con la escuela se encargó de buscar al dueño, que resultó ser un comerciante de la zona que luego le regaló a Micaela un par de zapatillas que ayer llevaba puestas.
Su mamá, Karina Ancalao, contó que ese día su hija llegó con un poco de temor a su reacción por haber devuelto una billetera con un dinero que, aunque no se sabe con precisión su monto, les hubiera venido muy bien por su complicada situación socioeconómica.

Más ayuda
De hecho, este fin de semana miembros del grupo solidario del Club IKA de San Rafael los asistieron con ropa, regalos y alimentos. La acción solidaria se repitió dos veces.
Micaela, después de ser reconocida en el Concejo, contó que “encontré una billetera con plata entrando a la escuela, no sé cuánta plata había. Fui corriendo a decirle a mi maestra y ella buscó de quién era. No tenía datos la billetera; el dueño me agradeció y me compró unas zapatillas, me siento contenta con esto”.
En su escuela la reacción fue dividida.
Algunos la felicitaron y otros, con la picardía propia de los niños, la cargaron por haber devuelto la plata.
“Algunos compañeros me dijeron que estaba muy bueno pero otros me decían que era una tonta porque la billetera tenía mucha plata”, dijo Micaela riendo.
Orgullosa por ella, su madre, agradeció “a la gente del IKA de la agrupación amigos solidarios, que nos llevaron regalos, calzados y el domingo volvieron a ir y llevaron mercadería, porque nosotros estamos en una condición un poco complicada y vivimos en una casa un tanto precaria”.

 

(*) Nota que escribí y que salió publicada en Diario Uno.

Los rostros de las calles

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Ver sus fotos no es sencillo. Una sola imagen retratada por él puede movilizarte internamente. El título de este texto también podría haber sido “El mejor fotógrafo urbano” o “El arte de los retratos callejeros”. Ninguno le queda grande, así lo definen algunos colegas. Hablo de LJ, una de las estrellas que le dan calidad a Flickr. Sus retratos urbanos difícilmente tengan rival. Se especializa en tomar fotos de gente que vive en las calles, que lo ha perdido todo, si es que alguna vez tuvo algo.  Los encuadres, colores y el procesado de las fotos de LJ realmente hablan. En esos rostros magistralmente inmortalizados uno se imagina las duras historias de la calle que hay detrás de ellos.

En este blog ya lo tuvimos hace tiempo con una foto. En esta ocasión, elegir la foto de apertura de este post me ha resultado agotador. No sabía cuál elegir. Una docena de ellas al menos me parecían dignas de ser la primera.

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La mayoría de los “objetivos” de LJ son personas de la calle. Las expresiones realmente no necesitan descripciones.

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Aunque por lo general sus fotos tienen descripciones cortas o no tienen, a veces se mete de lleno en el problema, aportando su colaboración para ayudar, como en la descripción de la foto de abajo, donde informa de una subasta para colaborar con una misión de caridad.

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Un hombre con un cigarrillo armado con cartón.

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Los cigarrillos, un elemento muy presente en las calles y en sus fotos. Y las miradas, intensas.

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Las mujeres también viven en sus obras, algunas, misteriosas en cuanto a contexto.

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A veces su cámara no es muy bien vista.

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Y el dolor, otra vez el dolor. Sus fotos, a veces, duelen.

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Otras tomas son realmente impactantes. El oscuro profundo, las miradas, expresiones captadas…

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Esta es impresionante. No dice nada sobre quién es la nena o su situación.

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Un par más.

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Extras. No todo es miseria, tristeza y pobreza. También hay fotos muy buenas y más alegres. Retratos y producciones. Finalizando.

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Todas las fotos perteneces al flickr de LJ. Altamente recomedable mirarlo y tenerlo cerca.

Actualización 14/09/09: Un dato importante. Sus trabajos están hechos en New York, Los Angeles, Las Vegas (estos tres de Estados Unidos) e Italia.

Pulitzer, un premio que hace brillar la miseria

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Vengo viendo y leyendo sobre la situación de Haití desde hace rato y su realidad me impresiona, me duele.  Hace poco, se han entregado los premios Pulitzers en fotografía. Una de las categorías fue ganada por el fotógrafo Patrick Farrell por su trabajo en Haití en el 2008 tras la devastadora tormenta que los sumergió en barro y a la vez hizo resurgir la miseria de este pueblo latino. Las fotos, en blanco y negro, pueden verse en este sitio. Yo seleccioné algunas que muestro a continuación. Pueden ver más fotos sobre Haití en este enlace.

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hai-6Vía.

Mi viaje al centro de la pobreza

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La casualidad quiso que yo la viera de frente a los ojos, reflejada en la mirada de Hugo, de 11 años, que me miraba extrañado parado justo bajo el marco de la puerta de entrada a su casa, de adobe, como todas allí. Iba en misión periodística a otra cosa, pero la imagen despertó en mi la curiosidad: dejé de llevar la vista al frente como los caballos y, quizás contra lo aconsejable, los empecé a mirar. En esta villa miseria, donde pobreza y delincuencia se mezclan hasta los límites, en cada casa había no menos de cinco o seis hijos. Luego, hablando con la gente, descubriría familias de 17 hijos.

Vivo y trabajo en la ciudad de San Rafael. Mi llegada esa tarde a la Isla del Río Diamante, uno de los conglomerados más peligrosos y pobres (otra vez esas dos palabras juntas, pese a ser cosas muy distintas) de mi región. Como dije, iba a otra cosa, estaba preparando un informe sobre la imagen de una virgen que supuestamente exuda aceite, fenómeno que tiene muchos adeptos.  Este barrio, como casi toda villa miseria, tiene una calle que es la entrada principal y luego se expande hacia los costados por angostos pasillos, que se cruzan en forma recta y diagonal. El horario era de tarde, creo que cerca de las 18, y apurábamos el paso porque, sin decirlo, todos sabíamos que la noche convierte al barrio en lobo.

En uno de esos callejones de tierra, cuyos nombres refieren a especies de flores, mi mirada se encontró con la de Huguito, un niño de piel morena que, pese al frío, estaba descalzo y en remera gastada. Verlo a él y sus hermanas, casi todos con los mocos sobre su rostro y, la mayoría, ofreciendo una sonrisa, salvo Huguito, me hizo virar mi objetivo.

Tras cumplir mi tarea periodística original, me interesé en la historia de esta gente,  a través de la de la familia de Hugo. No fue fácil, pues  ahí hablar con un extraño está mal visto. Una mujer que iba siempre al tema de la virgen, hizo de intermediario. La madre de Hugo, algo nerviosa, me atendió en la puerta de la casa, él me miraba serio. La mujer tenía 9 hijos, había un esposo original ausente y un segundo con problemas de bebida. Dos hermanos estaban encarcelados por robo. Huguito era el mayor, ayudaba a su padrastro a hacer changas para ganarse el pan diario, que faltaba en ocasiones.

Después de varios minutos de mi informal entrevista con su amdre, note que Hugo miraba insistenetemente mis zapatillas. Yo volví a mirar sus pies y fue ahí que supe que yo estaba allí, en ese momento, con aquél niño de rostro parecido a tantos otros, por una razón; yo ayudaría a Huguito, con mi grano de arena.

No voy a extenderme demasiado con mis siguientes visitas, esos mates riquísimos, el robo que sufrí en el barrio, cómo mi amigo Hugo logró que me devolvieran parte de lo robado, tampoco hablaré de los sueños de Julieta, una de sus hermanas, de ser modelo. Ella puede, tiene los ojos verdes más intensos que he visto en mi vida. En mi segunda visita sentí el placer inmenso y anónimo de ayudar a alguien; un par de zapatilas casi nuevas, tres o cuatro pares de medias, dos remeras gastadas y dos docenas de raspaditas fueorn mi contribución. Pasé una hora y media allí dentro, quizás la hora y media más feliz de mi vida. Sin embargo, mientras mi amigo abría sus regalos, no pude evitar notar las miradas tristes de sus hermanos, ellos eran espectadores. Mi generosidad choca con mi bolsillo, me sentí mal por momentos, esa sensación se me fue cuando Hugo les convidó de las raspaditas y esas caras sucias se iluminaron con sonrisas. Otro intento de robo me ha alejado de esa casita de adobe perdida en el corazón de la pobreza de mi ciudad. No voy ser un hipocrita, econozco que sólo me acuerdo de ellos cuando paso por el puente del río Diamante, que está sobre el barrio de Hugo. Desde el puente, que irónicamente es el paso obligado de miles de turistas hacia los hermosos paisajes naturales de mi ciudad, la vida parece una sola, la pobreza se asemeja a una postal, las historias de familias con cero eduación sexual no logran penetrar la distancia. Desde ese puente, Hugo es un recuerdo.

Aldea global (matemática)

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A veces las conclusiones se pierden en los números grandes. Este pequeño ejercicio matemático achica los números para agrandar la comprensión. Si encogemos la población mundial (6.754.001.078, actualizado el 15 de enero de 2009) a una villa de 100 personas manteniendo todas las proporciones humanas existentes en la actualidad, el resultado sería el siguiente.

-Habría 57 asiáticos, 21 europeos, 14 americanos y 8 africanos.

-70 serían no blancos, 30 blancos.

-70 serían no cristianos, 30 cristianos.

-El 50% de la riqueza de todo el planeta estaría en manos de 6 personas. Los seis serían ciudadanos estadounidenses.

-70 serían analfabetos.

-50 sufrirían de malnutrición.

-80 habitarían viviendas de construcción precaria.

-Sólo uno tendría educación de nivel universitario.

¿No es cierto que creíamos que la Humanidad había alcanzado un mayor nivel de desarrollo?.

Estos datos corresponden a una publicación de las Naciones Unidas de 1996. Si bien ha pasado tiempo, no dejan de ser sorprendentes.

El análisis lo saqué del libro Matemática… ¿Estás ahí?

Ya saben, si quieren justicia, no la busquen en este mundo.

Nota: la imagen es de Liniers.

Face to face: los rostros de la pobreza de EE.UU

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El total de los habitantes de Argentina, en Estados Unidos, es pobre. Sí, el país del Norte, megapotencia mundial, tiene 37 millones de pobres, cifra (cuando vean las fotos verán que no son una “cifra”) idéntica a la cantidad de habitantes de Argentina y que representa el 12.7 % de la población. Los datos son del 2007, es decir, no cuentan  la gran cantidad de nuevos pobres que está dejando la crisis financiera.  De ese total de pobres, más del 17% son niños. Muchas personas se sorprendieron de esto luego del huracán Katrina, pero lo cierto es que en las calles de las grandes ciudades norteamericanas los pobres e indigentes son más comunes que la bandera con estrellas en sus películas. J. Lee, que en Flickr es elogiado como el mejor fotógrafo callejero, es un profesional de la foto que ha pasado mucho tiempo fotografiando los rostros de la pobreza, con un resultado asombroso en significaciones y calidad. En muchas de las fotos, recurre al blanco y negro, dotando de mayor fuerza la expresión de esas caras. He reunido muchos de sus trabajos de distintos álbum y páginas, con imágenes tomadas en New York y Las Vegas.

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